Por Mario Quevedo
Especial para CENTRO Tampa
Gracias por el amanecer; gracias por el dolor y por la cura. En las locuras que hoy me mueven a dar Gracias a Dios por los bienes recibidos, rebusco en lo poco que ya queda de memoria y me llega una frase difícil de entender: “Tiempo de endechar”. Puede ser tiempo de cantar o lamentar. Nada, cosas de Quevedo que en tiempos que le cuestan trabajo entender, se lanza sin saber seguro a donde llegará.
Andando por los caminos de Dios, choco con la sabiduría del salmista en Eclesiastés 3 “Todo tiene su tiempo”. Es cuestión de revisar lo que vivimos hoy y buscar un mejor futuro. Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere bajo el cielo tiene su hora.
Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz.
Yo soy de los que pienso que necesitamos tiempos de paz, de plantar, de curar, de edificar, hablar y amar. Ya sé que habrá quien se quede calvo y sin entender. Pero yo solo cuento con el visto regular de mi directora y en ella confío.
Soy de los que creo que estamos en tiempo de meditar un poco más profundo sobre el momento actual. Es el momento de la historia en que nos ha tocado vivir. Gústeme o no.
Recientemente indicaba como este año aparenta ser especial; algo distinto a la “normalidad” a la que estamos acostumbrados. Creo que hay veces se nos olvida revisar la historia... y no quiero insinuar “aprender” de ella.
Enfermedades como el coronavirus nos tocan de cerca; pero (el pero de Quevedo), a lo mejor olvidamos que en el pasado hemos sufrido epidemias de enfermedades terribles para las que no había medicinas.
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'Back the Blue' el mismo día en Tampa cientos se reunieron para demostrar su apoyo a la pollicía.
Elecciones alborotadas han ocurrido con regularidad. Eso que llamamos proceso electoral es, por necesidad, un enfrentamiento de ideas sobre el futuro de la nación y, por tanto, siempre ha sido fuente de profundas divisiones.
Disturbios raciales han ocurrido por años y disturbios de otros tipos como aquellos contra los irlandeses católicos, también dejaron huellas. Desafortunadamente todo disturbio ha sido reflejado en violencia profunda.
Nuestra nación sufrió la guerra civil donde hermanos chocaban con las armas. Sufrió el pueblo la crueldad de aquella guerra fratricida que se refleja en el Génesis; el primer libro de la Biblia cuando Caín mató a Abel, su hermano por la envidia que sentía por la predilección divina.
Hoy todo queda a la vista pública y se nos hace un poco más difícil mantener nuestra calma. Todos tenemos la facilidad de ser pregoneros de nuestra verdad, aunque nos lleve escribir lo que queremos, no lo que de verdad vemos, o a montar fotos de otros tiempos o falseadas en Facebook y haya muchos que consideren real e inmediato lo que puede ser historia antigua.
Como dice Chico, tenemos que aprender a hablar con lenguas humanas y angélicas, pero con amor para no llegar a ser como el metal que resuena o el címbalo que repiquetea. Y, dale con Corintos 13; “nada soy si no tengo amor. No importa si doy mi cuerpo a ser quemado o repartir mis bienes para dar de comer. Si no contamos con amor, nada somos y nada nos sirve”.
Al que quiera entender, que se fije en los racimos de odio que hemos sufrido en las últimas semanas. No justifico a unos o a otros. Al fin y al cabo, solo tengo yo que quedar contento y, si tuviera que decir algo más, repetiría lo que ya he dicho en varias ocasiones. En lugar de quejarme, poner el hombro donde pongo la boca a buscar que mi opción tenga validez.
Hoy me dio por buscar y he topado con la mejor fuente del saber que me ordena; “el amor nunca deja de ser; pero las profecías acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”.
Solo me cabe añadir que todo lo que hoy vemos con tintes que casi nos produzcan horror, mañana pasará. A pesar de los espantos de hoy; el ataque destructivo a símbolos puros; el desprecio de los que disfrutan del robo, la desgracia y falta de respeto a la ley; los vándalos ofensores, yo soy de los que tengo fe en el futuro, sobre todo en esta nación, con brazos abiertos y lecciones de un pasado, a veces tormentoso, pero siempre siendo luz del mundo y profecía de un mejor futuro.
Quevedo es periodista cubano. Trabajó en radio, televisión y tuvo su propio periódico ‘La Voz Hispana’. Para comunicarse con Quevedo: marioquevedo1@aol.com