TAMPA — Joan Trujillo aún recuerda el día en el que agentes del gobierno cubano llegaron a su cafetería en Marianao, La Habana, y le ordenaron demoler todo de inmediato. Sin explicaciones, sin documentos, sin derecho a apelación.
Era un 13 de abril de 2013.
Lo que hasta ese día había sido su sustento —una modesta cafetería donde vendía espaguetis, pizzas, batidos y sándwiches de jamón— quedó reducido a escombros. Una década más tarde, en esa misma fecha exacta, inauguró su tercer local de “Noventa Millas” en Tampa.
“No fue una coincidencia”, dijo Trujillo. “Ese día dejó una herida, pero también una promesa”.
Hoy, esa promesa toma la forma de una pizza doblada con queso tostado, tal como se sirve en la isla, entregada en cajas de cartón sobre mesas de madera bajo el sol de Florida. No hay aire acondicionado. No hay menú navideño. Pero sí hay una boya —una réplica del famoso marcador de Key West que indica “90 millas hasta Cuba”, que ahora, en Tampa, muestra la distancia real: 334 millas.
El punto de partida entre los escombros
La historia de Trujillo como emprendedor comenzó en Cuba, aunque se había graduado como director de televisión. Allí, junto a su esposa, operaba El Rincón de la Farándula, una cafetería que ofrecía lo que se podía con lo poco que había: pizzas, espaguetis, hamburguesas y batidos de frutas.
“La pizza cubana no tiene mucho que ver con la italiana”, explicó Trujillo. “Es doblada, se come con la mano como un taco mexicano, y lleva queso tostado. En Cuba se volvió esencial durante el período especial de crisis porque era lo único que había”.
A pesar de las limitaciones del sistema, su negocio ganó notoriedad local. Sin embargo, su postura crítica contra el gobierno cubano y su participación en protestas no pasaron desapercibidas.
“Un día, varios agentes policiales llegaron sin previo aviso. Derribaron todo con mazos”, relató. “Nunca nos dijeron por qué, pero lo atribuimos a nuestras opiniones políticas. Así que fue el final. Decidimos irnos del país”.
Foto cortesía de JOAN TRUJILLO / NOVENTA MILLAS
Agentes de la policía cubana desmantelan el establecimiento de comida de la familia Trujillo en La Habana el 13 de abril de 2013. Las opiniones políticas del emprendedor, contrarias al régimen, frustraron sus esperanzas de mantener un negocio exitoso en la isla. Ante esta realidad, Joan Trujillo tomó la decisión de exiliarse.
El viaje a Querétaro
Salir fue complejo. Trujillo primero viajó a México, donde vivió de manera irregular durante casi un año hasta que logró legalizar su situación. Luego, llevó a su esposa. Más tarde se les unieron sus hijos, y finalmente cruzaron la frontera hacia Estados Unidos en 2015. Eligieron Tampa —una ciudad que desde hace décadas habita el imaginario colectivo cubano— como destino.
“Hoy se cumplen exactamente 10 años desde que llegamos”, dijo Trujillo. “Empezamos de cero. Walmart fue nuestro primer trabajo. Turnos nocturnos. Luego trabajé en televisión, creé una agencia de publicidad, y de ahí todo fue creciendo”.
La génesis de 90 Millas
La primera pizzería bajo el concepto Noventa Millas abrió en Palm River en 2021. Al principio vendían sándwiches cubanos y operaban bajo el nombre Cuba Libre. Luego, la pandemia cambió su estrategia. Decidieron enfocar el menú en pizzas, espaguetis a la cubana y batidos.
“Nos dimos cuenta de que lo que más extrañan los cubanos de su tierra no es solo la comida tradicional, sino el ambiente”, comentó Trujillo. “Por eso las mesas son de madera, al aire libre, sin lujos. Queríamos que los cubanos se sentaran y sintieran que estaban en Cuba, en casa, porque así se come en Cuba: al aire libre, sin adornos”.
Actualmente, la cadena tiene tres locales en Tampa y planea un cuarto. También han desarrollado su propia marca de agua embotellada: Agua Noventa Millas, producida en Pennsylvania.
El poder simbólico de la boya
En el extremo sur de Florida, en una esquina soleada de Cayo Hueso a unas 160 millas por carretera desde Miami, se alza una boya pintada de negro, rojo y amarillo que dice: “Southernmost Point – 90 Miles to Cuba.” Aunque no es el punto más al sur exacto, el cilindro de concreto se convirtió en símbolo de esperanza, nostalgia y promesa para generaciones de cubanos que crecieron soñando con alcanzar esas 90 millas. Instalado en 1983 por autoridades locales, fue rápidamente adoptado como ícono popular —tanto por turistas como por quienes cargan historias de exilio. A lo largo de los años, la estructura ha soportado múltiples huracanes que han ido desgastando su forma.
Trujillo contó que, durante un viaje a los Cayos, su esposa sugirió traer esa emocionante idea a Tampa. Así nació la idea de replicar la boya en cada local de “Noventa Millas”, pero con un giro personal: en lugar de las simbólicas 90 millas, cada réplica indica la distancia real desde ese punto hasta Cuba. En Tampa, por ejemplo, la cifra es de 334.
Cada pizzería tiene una boya. Están pintadas a mano, inspiradas en el monumento de Key West.
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Foto cortesía de JOAN TRUJILLO/ NOVENTA MILLAS
La icónica boya que marca las 334 millas entre Tampa y Cuba — uno de los principales atractivos de Noventa Millas, el restaurante de la familia Trujillo, exiliados cubanos.
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Foto cortesía de JOAN TRUJILLO/ NOVENTA MILLAS
El restaurante ofrece una amplia variedad de sabores servidos sobre una masa suave y esponjosa. Entre las opciones más representativas se encuentran la tradicional pizza cubana de queso, la pizza venezolana, de jamón, estilo mexicano, de chorizo, de champiñones y muchas otras especialidades que celebran la fusión de culturas latinas.
“La idea es que, si algún día abrimos una sucursal de Noventa Millas en Pennsylvania o en cualquier ciudad, esa boya indique cuántas millas hay desde allí hasta Cuba”, explicó el emprendedor cubano.
Con esa visión, Trujillo espera que cada local sirva como referencia geográfica y como recordatorio del camino migratorio y del orgullo cultural.
“Es una forma de recordar de dónde venimos y hasta dónde hemos llegado, de sentirnos orgullosos de nuestra cultura y tradiciones”, señaló Trujillo.
Recientemente, la boya original en Key West fue retirada por trabajos de restauración. Mientras tanto, las versiones instaladas en Tampa se han convertido en punto de referencia para la comunidad cubana local.
“Todo el mundo se toma una foto ahí ahora”, dijo Trujillo. “Es como una prueba de que llegaste a Estados Unidos”.
Entre pizzas de queso y jugo de guayaba natural
El menú ofrece más de 20 tipos de pizzas individuales, espaguetis al estilo cubano —cocinados por separado y luego mezclados— y batidos naturales de frutas.
“La receta de la salsa es un secreto familiar”, reveló Trujillo. “Ni yo la conozco por completo. La manejan mis hijos y mi yerno”.
La pizza más vendida es la típica cubana con queso. Luego la de jamón. En tercer lugar, está la hawaiana —“que en Cuba ni se conocía; lleva piña”— seguida por la “pizza venezolana”, creada a partir de la sugerencia de un cliente venezolano que aportó la receta.
“Un día entró un venezolano y preguntó si teníamos pizza venezolana. Explicó los ingredientes y la incorporamos al menú. Desde entonces, ha sido una de las más pedidas. Lleva salsa de tomate, queso parmesano, tocineta, jamón, pimientos rojo y verde, maíz y cebolla”, explicó Trujillo. “Antes llevaba anchoas, pero el olor impregnaba todo el lugar, así que tuvimos que retirarlas”.
“La pizza cubana se come doblada, como un taco. No se corta. Es personal y tiene una corteza de queso tostado”, agregó. “Los clientes estadounidenses la han aceptado con entusiasmo. Muchos nos dicen que ya no quieren comer otro tipo de pizza después de probar esta”.
Aunque la clientela principal es cubana, Trujillo afirma que el número de clientes estadounidenses ha crecido notablemente.
“Tenemos una tasa de retorno de casi el 100 %. Vuelven. Piden más. Traen a sus hijos. Nos califican en Google con 4.9 o más”, destacó.
Entre los latinos, los venezolanos ocupan el segundo lugar en visitas, seguidos por colombianos y puertorriqueños. La música del ambiente es mayormente cubana, aunque también suenan éxitos internacionales.
“En Cuba también se escucha música internacional, pero sobre todo nuestro ambiente se basa en lo que crecimos escuchando”, indicó.
Una nueva sede, una fecha antigua
La sede más nueva y moderna, ubicada en Dale Mabry, abrió el 13 de abril. La fecha no fue casual. Se eligió deliberadamente para cerrar un capítulo iniciado en 2013, cuando el régimen destruyó su cafetería en La Habana.
“No hacemos inauguraciones grandes. Pero esa fecha la elegimos a propósito”, admitió Trujillo. “Fue un renacimiento”.
El dueño cubano enfatizó que su modelo no busca el lujo ni la fusión moderna.
“Por ahora no pienso meterme en comida vegana ni nada de eso. En Estados Unidos hay un dicho: ‘If it ain’t broke, don’t fix it’” (Si no está roto, no lo repares), dijo, refiriéndose al éxito del menú actual y su decisión de no apresurarse en diversificar los productos.
Su menú se mantiene sencillo y fiel a sus raíces, y espera que así permanezca por un buen tiempo.
“Enfoque, constancia y disciplina —esos son nuestros tres ingredientes principales para el éxito. Toman tiempo, pero funcionan”, aseguró. “Este país te obliga a ser disciplinado. Aquí aprendes que, si tienes que cruzar la calle por el paso peatonal, entonces cruzas por el paso peatonal —sin atajos”.
Trujillo contó que hace un tiempo, un cartel en Hillsborough Avenue con la frase “Sabor a Cuba”, promocionando el restaurante, llamó la atención de un hombre de unos 70 años. El hombre entró al restaurante, lo abrazó entre lágrimas y le dijo: “Gracias por poner la palabra Cuba tan alto”.
Ese momento lo conmovió profundamente. La escena quedó grabada en su memoria, explicó Trujillo. Ese gesto resumió todo el propósito del proyecto.
“Me conmovió. Me mostró una foto que se había tomado bajo el cartel. Me dijo que llevaba 60 años en este país y nunca había visto algo así”, recordó Trujillo. “Entonces miré a los empleados y les dije: lo logramos”.
Con un tono cálido y sincero, Trujillo compartió una reflexión para la comunidad hispana: no hay atajos, pero sí hay valores sólidos como el esfuerzo, la paciencia y la humildad. Para quienes emprenden, les recuerda que no deben temer al fracaso, y que “el que persevera, vence”.
Después de todo, dijo, si el 13 de abril de 2013 le arrebataron su cafetería sin mediar palabras, exactamente 10 años después volvió a nacer —con la bandera en alto, una pizza en el horno y una boya que no apunta al pasado, sino al camino recorrido.
Si vas
Noventa Millas
Teléfono: (813) 443‑1448
Redes Sociales: @noventa_millas
Sitio web oficial: noventamillas.com
Sede 1 – Palm River
Dirección: 7730 Palm River Road, Tampa
Horario: de lunes a jueves, de 10 a.m. a 10 p.m. (viernes a domingo, hasta las 11 p.m.)
Sede 2 – West Hillsborough
Dirección: 6943 W. Hillsborough Ave., Tampa
Horario: de lunes a jueves, de 10 a.m. a 10 p.m. (viernes a domingo, hasta las 11 p.m.)
Sede 3 – Dale Mabry
Dirección: 7206 N. Dale Mabry Hwy, Tampa
Teléfono: 813‑443‑1448
Horario: de lunes a jueves, de 11 a.m. a 11 p.m. (viernes a domingo, hasta las 12 a.m.)