A los 13 años, Diego García comenzó a lavar platos en una cocina de Nueva York. No tenía una escuela de gastronomía detrás ni un título que le abriera las puertas de los grandes restaurantes.
Tenía, en cambio, la necesidad de trabajar, las enseñanzas de su familia y una curiosidad que lo llevó poco a poco a descubrir que entre ollas, cuchillos y fogones podía estar su futuro.
Hoy, varias décadas después, aquel adolescente que comenzó desde abajo es un chef que ofrece experiencias gastronómicas privadas en la bahía de Tampa, asesora restaurantes, crea menús y lleva los sabores de distintas culturas directamente hasta la casa de sus clientes.
Pero la historia de Diego comenzó mucho antes, en Nueva York.
Una infancia entre fogones y tradiciones
Aunque nació en Nueva York, sus raíces están en Atlixco, Puebla, México. Allí, durante su infancia, conoció de cerca una cocina que no necesitaba libros para enseñar.
Sus abuelos preparaban barbacoa, mixiotes y chiles en nogada. Mientras su abuelo se dedicaba al procesamiento y preparación de animales para la venta de barbacoa, Diego recuerda que, cuando tenía apenas 11 años, se levantaba de madrugada para acompañarlo.
A las tres de la mañana comenzaba la jornada. Llegaban a procesar decenas de chivos que posteriormente serían convertidos en barbacoa. Aquellas experiencias quedaron grabadas en su memoria y terminaron convirtiéndose en una parte esencial de su identidad como cocinero.
“Yo sé lo que es ser pobre, lo que no es tener dinero”, dice Diego cuando habla de su infancia.
Por eso, cuando mira hacia atrás, no recuerda solamente las dificultades. También reconoce en ellas la escuela que le enseñó disciplina, esfuerzo y perseverancia.
El chef Diego García, poniendo los chiles en fuego durante la preparación del platillo chiles en nogada.
De lavar platos a aprender de grandes chefs
Su formación fue construida con trabajo. Comenzó lavando platos y después fue aprendiendo cada una de las estaciones de una cocina profesional, poco a poco fue adquiriendo conocimientos hasta trabajar bajo las órdenes de chefs reconocidos en el mundo culinario.
Nueva York, San Francisco y Ciudad de México fueron algunos de los lugares que marcaron su recorrido.
En ese camino descubrió técnicas de cocina francesa, asiática y de otras tradiciones gastronómicas que posteriormente comenzó a incorporar a la cocina mexicana. Para Diego, la gastronomía no tiene que encerrarse en una sola cultura.
Puede tomar una técnica francesa y aplicarla a un platillo mexicano, puede preparar cocina asiática utilizando productos locales, puede combinar ingredientes de diferentes tradiciones y crear algo nuevo sin perder la esencia de sus raíces.
Una cocina que viaja hasta la casa del cliente
Actualmente, Diego desarrolla su proyecto Cote & Flame, dedicado al catering, eventos privados y asesoría culinaria. Su cocina puede aparecer en una boda, una quinceañera, un cumpleaños, un baby shower o una cena familiar.
Pero hay una diferencia: el cliente no necesariamente tiene que ir a un restaurante, es Diego quien llega a su casa. Su propuesta parte de escuchar qué quiere el cliente y convertir sus gustos, cultura y necesidades en una experiencia gastronómica.
Una cena puede ser completamente mexicana o combinar elementos de diferentes países. “Es una experiencia muy agradable, compartir la cocina con los clientes, les busco los mejores precios y busco muchos alimentos orgánicos, bien cultivados, sin químicos, procesados de forma natural”.
En la próxima celebración del Día de Acción de Gracias, por ejemplo, cocinará para una familia de 28 personas formada por judíos y puertorriqueños. Su desafío será llevar esas dos culturas a una misma mesa.
Challah, kneidlaj, arroz con gandules y arroz mamposteado pueden convivir en una propuesta que busca precisamente eso: que las diferencias culturales también puedan encontrarse alrededor de la comida.
México servido en Tampa
Durante el Mes de la Herencia Hispana, que se celebra en Estados Unidos del 15 de septiembre al 15 de octubre, Diego quiere que su cocina sea una forma de acercar a la comunidad a sabores que representan la diversidad de América Latina.
Su intención es involucrarse cada vez más con la comunidad hispana de la bahía de Tampa y mostrar que la gastronomía de nuestros países tiene mucho más que ofrecer.
Entre sus propuestas para esta temporada está el chile en nogada, uno de los platos más representativos de México, además de la tradicional barbacoa de res o de chivo. También prepara platos regionales que no siempre son fáciles de encontrar en Tampa, como mariscos de Sinaloa o Culiacán y diferentes versiones de la cocina poblana.
“Quiero representar más a la comunidad hispana desde una perspectiva culinaria”, asegura. Su objetivo no es solamente promocionar su trabajo, quiere que las personas tengan la oportunidad de disfrutar y conocer la riqueza de la comida hispana.
El sueño de abrir una puerta para otros
Diego todavía no tiene el restaurante que imagina para su futuro. Pero tiene claro cómo quiere que sea.
Sueña con abrir su propio negocio y, al mismo tiempo, convertirlo en una oportunidad para jóvenes que quieran entrar al mundo de la gastronomía.
Quiere enseñarles lo que él aprendió durante años de trabajo: disciplina, técnicas culinarias, respeto por los alimentos y, sobre todo, pasión por la buena mesa. Su historia también tiene un mensaje para quienes sienten que no tuvieron las mismas oportunidades que otros.
Diego no estudió gastronomía formalmente, su formación ocurrió en las cocinas, trabajando y aprendiendo de quienes estuvieron dispuestos a enseñarle. Por eso insiste en que no haber tenido determinadas oportunidades al comienzo de la vida no significa que el camino esté cerrado.
Él mismo es prueba de un recorrido que comenzó lavando platos y que todavía no termina.
Emplatado del tradicional platillo mexicano, chiles en nogada, que en esta ocasión tienen un decorado especial con los colores de la bandera de México, que el 16 de septiembre celebra su grito de independencia.
Una historia que continúa
Mientras busca inversionistas y personas interesadas en apoyar su futuro restaurante, Diego sigue cocinando. Cocina para familias, para celebraciones y para personas que quieren descubrir nuevos sabores.
En esta aventura lo acompaña Manolo, un chef americano que decidió emprender junto a él, trabajaron juntos en el restaurante Casa Cami de Tampa, y cuando Diego le comentó sobre el proyecto, Manolo aceptó.
“Es un buen chef con buenas ideas, nos encanta lo que hacemos. Cocinamos con amor, diversión y, sobre todo, con un cuidado especial por los ingredientes, Un día Diego me dijo: “¿Sabes qué, Manolo? Voy a dejar este lugar, estoy empezando mi negocio, ¿quieres venir conmigo?”. Y le dije que sí, y a los dos meses dejé el trabajo y hoy estamos dedicados a hacer puras cenas”.
Los pueden contactar vía WhatsApp, al +1 631-565-5019, donde ayudan a sus clientes a buscar los mejores precios con el presupuesto que acuerden. También lo pueden hacer vía Instagram @chef_diegogarcia, ahí también está el enlace www.coteandflame.com.
Cada servicio es también un paso más hacia aquel sueño. Entre los fogones de Nueva York, los recuerdos de su abuela en Atlixco y las oportunidades que encontró en Tampa, Diego García ha construido una historia en la que la comida funciona como puente entre culturas.
Su restaurante todavía no existe, pero el proyecto ya comenzó. Está en cada plato que prepara, en cada joven al que espera poder enseñar y en cada cliente que abre las puertas de su casa para recibir una parte de México, de la cultura hispana y de la historia de un hombre que aprendió desde abajo que los sueños también pueden cocinarse a fuego lento.
La granada es una fruta especial que hace parte de la receta del platillo de chiles en nogada.