Tampa - El terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, volvió a sacudir no solamente la tierra colombiana, sino también el corazón de una comunidad que, aunque vive a cientos de kilómetros, siente como propio el dolor de quienes lo perdieron todo. En Tampa, la noticia se convirtió rápidamente en acción.
Fundaciones, asociaciones, empresas privadas y ciudadanos colombianos decidieron dejar de lado diferencias y unirse bajo una misma bandera: el Comité de Solidaridad Tampa por Colombia. El propósito es sencillo, pero poderoso: recoger ayudas humanitarias y hacerlas llegar a las personas damnificadas.
Como punto principal de acopio fue escogido el bar restaurante Casa 21, un lugar que durante estos días dejó de ser solamente un establecimiento comercial para convertirse en un punto de encuentro de la solidaridad.
Allí llegaron cajas, alimentos, medicinas, artículos de primera necesidad y, sobre todo, historias de personas que quisieron aportar algo para quienes hoy necesitan prácticamente de todo.
Una comunidad que respondió al llamado
Para Marta Manjarez, presidenta de la Asociación Colombo Estadounidense de Florida (ASOCOL), la emergencia encontró a una comunidad dispuesta a responder. “Nos unimos un grupo de diferentes fundaciones, asociaciones, empresas privadas y personas naturales colombianas y creamos el Comité de Solidaridad Tampa por Colombia”, explicó.
En esa unión se acordó que ASOCOL asumiera la representación visible del proyecto y convocara a los colombianos de la Bahía de Tampa a entregar sus donaciones en Casa 21. Pero la solidaridad no se quedó en un solo lugar.
América Osorio, líder comunitaria, explicó que además del punto principal fueron habilitados 11 lugares adicionales de recolección en distintos sectores de la Bahía de Tampa, con el objetivo de concentrar todas las ayudas en Casa 21 para completar el contenedor destinado a Colombia.
Pero la respuesta superó las expectativas. Lo que comenzó con aproximadamente 40 voluntarios creció hasta superar los 100. Personas encargadas de recibir las donaciones, clasificarlas, organizar las cajas y llevarlas hasta el contenedor encontraron en el trabajo comunitario una manera concreta de acompañar a quienes sufren en Colombia.
[ Foto: Juan José Posada / CENTRO Tampa ]
Un promedio de 100 voluntarios se unió a las labores de recolección, clasificación y empaque de las ayudas humanitarias enviadas a Colombia desde Tampa.
La ayuda toma rumbo hacia Colombia
Detrás de cada caja existe una preocupación legítima: que la ayuda llegue realmente a quienes la necesitan.
Marta Manjarez dijo que una de las principales garantías es que la carga será trasladada mediante vuelos coordinados y subsidiados por el Gobierno de Colombia desde Miami.
El plan inicial contempla que el contenedor salga de Casa 21 el viernes 14 de agosto, alrededor de las 9 de la noche, rumbo a Miami. Allí será embarcada la carga en el vuelo dispuesto para transportar las donaciones hacia Colombia.
David Brinez, propietario de Casa 21, conoce de cerca el esfuerzo que representa una operación de esta magnitud.
“Todo lo que recogimos viaja directamente a los damnificados por el terremoto”, señaló, al explicar que el establecimiento puso sus instalaciones a disposición de la comunidad para facilitar la recepción y organización de las ayudas.
Y la respuesta no llegó solamente desde Colombia. Brinez destacó que personas de Haití, Puerto Rico, Cuba, Venezuela y México también se acercaron para aportar.
Porque cuando una tragedia golpea, las fronteras pierden importancia.
Más que alimentos: herramientas para reconstruir
La emergencia no termina con los primeros días de la tragedia. Por eso, las necesidades tampoco se limitan a alimentos. Entre los artículos solicitados se encuentran guantes y cascos de construcción para ayudar en la remoción de escombros, caretas y máscaras de protección, plantas eléctricas, estufas, tiendas de campaña, alimentos no perecederos, medicamentos, sábanas, cobijas y comida para mascotas.
Son elementos que representan algo más que una donación. Un casco puede significar protección para quien busca entre los escombros, una estufa puede devolverle a una familia la posibilidad de preparar sus alimentos, una cobija puede convertirse en refugio durante una noche difícil y una caja de comida puede significar alivio cuando todo lo demás parece perdido.
También una tienda de campaña puede ser, por unos días, el techo de una familia que perdió su casa.
[ Foto: Cortesía David Brinez ]
El propietario del bar restaurante Casa 21, David Brinez, ya había realizado este tipo de actividades como por ejemplo ayudar al pueblo venezolano después del terremoto ocurrido el 24 de junio.
“Hoy por ti, mañana por mí”
Casa 21 ya había abierto sus puertas en otras ocasiones para atender emergencias y apoyar causas benéficas. Brinez recordó que su establecimiento también sirvió como punto de ayuda después del terremoto ocurrido en La Guaira, Venezuela, y para otras actividades destinadas a personas que necesitaban apoyo.
Su filosofía se resume en una frase sencilla: “Uno nunca sabe, hoy por ti, mañana por mí”.
Es precisamente ese espíritu el que parece haber tomado fuerza durante estos días.
La tragedia colombiana consiguió reunir a personas que quizás nunca se habían visto antes, pero que compartían una misma preocupación: ayudar.
La frustración de estar lejos se convierte en acción
Para Claudia Figueredo, una de las voluntarias, conocer la magnitud del terremoto significó sentir una profunda angustia. Pensó en sus familiares, sus amistades y en todas aquellas personas que estaban viviendo el desastre directamente.
“Mucho dolor”, recordó al describir lo que sintió al enterarse de la tragedia. Pero la distancia también puede producir impotencia.
¿Cómo ayudar cuando se está lejos? Claudia encontró su respuesta convirtiéndose en voluntaria.
“Con todo el amor”, afirmó, porque, aunque no puede estar físicamente en Colombia ayudando directamente, sí puede dedicar su tiempo a organizar y preparar las donaciones que serán enviadas a quienes más las necesitan.
Y encontró algo más: la fuerza de una comunidad unida. “Somos muchos colombianos a los que nos encanta ayudar”, dijo con emoción.
[ Foto: Cortesía América Osorio ]
Voluntarios están cargando el container dispuesto para llevar todas las ayudas humanitarias por tierra desde Tampa a Miami, para su posterior vuelo a Colombia.
Una donación que lleva el nombre de Colombia
Entre quienes llegaron a Casa 21 estuvo Lourdes Viuxa. En sus manos llevaba alimentos enlatados, comida para mascotas, jabón, arroz, frutas enlatadas, toallas y sacos de dormir. Todo nuevo, comprado con la intención de entregarlo a quienes hoy enfrentan las consecuencias de la tragedia.
Su explicación no necesitó demasiadas palabras. “Porque es mi Colombia, mi patria”, expresó. Lourdes reconoció que sintió una enorme frustración al no poder viajar para ayudar personalmente a sus compatriotas.
También sintió temor por familiares y conocidos que pudieran haber estado en las zonas afectadas, pero transformó esa preocupación en solidaridad. Cada producto que llevó representa una pequeña respuesta a una emergencia enorme.
Colombia necesita ayuda más allá de una semana
El terremoto afectó especialmente zonas de Chocó, Valle del Cauca y Risaralda, pero también generó consecuencias en otros departamentos y municipios.
Por eso, quienes participan en el Comité de Solidaridad Tampa por Colombia saben que esta primera jornada no puede ser el final.
Marta Manjarez confirmó que ya existen conversaciones con otras organizaciones y con la Ciudad de Tampa para explorar la posibilidad de continuar enviando ayuda por vía marítima hacia Barranquilla.
La intención es mantener abierta la solidaridad porque reconstruir una comunidad no ocurre en 24 horas, tampoco en una semana. Las familias que perdieron sus viviendas necesitarán tiempo, materiales, alimentos, herramientas y acompañamiento para comenzar nuevamente.
[ Foto: Cortesía David Brinez ]
Se espera que las donaciones continúen ya que el Comité Solidaridad Tampa por Colombia está en conversaciones con la ciudad de Tampa, además de otras fundaciones y organizaciones para llevarlas vía marítima hasta Barranquilla, Colombia.
“Todos somos Colombia”
Quizás una de las frases que mejor resume esta jornada de solidaridad es la de David Brinez: “Todos somos Colombia”.
Adquiere especial significado cuando un país atraviesa una tragedia. Colombia ha demostrado muchas veces que puede unirse alrededor de una camiseta, de una bandera, de una canción o de un triunfo deportivo. Pero también puede hacerlo cuando el dolor llama a la puerta.
Y esta vez, esa solidaridad cruzó fronteras. Desde Tampa, las manos de cientos de voluntarios empacaron cajas que viajarán hacia Colombia, familias compraron alimentos, empresarios ofrecieron sus espacios, organizaciones convocaron a sus comunidades y personas de distintas nacionalidades se acercaron a ayudar.
Cada aporte cuenta, cada caja cuenta, cada voluntario cuenta y cada persona que decidió no quedarse indiferente aumenta la esperanza de reconstrucción de un país golpeado por la naturaleza.
Y mientras en Colombia miles de familias intentan recuperar lo que el terremoto les arrebató, desde Tampa sale algo que ningún desastre natural puede destruir: la esperanza de saber que, aun estando lejos, hay una comunidad que no los olvida.
Porque la solidaridad no conoce fronteras y cuando Colombia necesita una mano, Tampa decidió extender las suyas. La ayuda apenas comienza y la esperanza también.