El primer golpe del tambor rompió el silencio. Por unos minutos, el Museo Dalí, acostumbrado a recibir visitantes que llegan en busca de relojes derretidos, paisajes surrealistas y criaturas nacidas de la imaginación de Salvador Dalí, se transformó en otro escenario.
Esta vez, la historia no estaba solamente colgada en las paredes, estaba sonando. Los tambores de la bomba y la plena puertorriqueña comenzaron a marcar el ritmo.
Los cuerpos siguieron la música, algunas personas bailaron, otras observaron con curiosidad, quizá escuchando por primera vez aquellos sonidos que viajaron desde Puerto Rico hasta la Bahía de Tampa.
Así comenzó, el 17 de septiembre, la celebración del Mes de la Herencia Hispana en el Museo Dalí, una programación que se extiende hasta el 15 de octubre y que busca honrar la creatividad, las culturas y las tradiciones del mundo hispano.
La noche inaugural tuvo como protagonistas a los integrantes de Proyecto 813-PR, agrupación de bomba y plena de la Bahía de Tampa.
Para Marisol Quiles, integrante del grupo, llevar esa música hasta un espacio como el Museo Dalí significa mucho más que ofrecer un espectáculo. “Qué mejor que mostrar nuestra cultura musical de Puerto Rico”, dice.
Y mientras los tambores retumbaban, Quiles observaba algo que para ella representa una de las mayores riquezas de la celebración: personas de distintas culturas acercándose a una tradición que quizá nunca habían conocido.
“Veo con orgullo que nuestros tambores llegan al público y los hacen bailar”, cuenta.
Algunos asistentes intentaban seguir los pasos, otros simplemente se dejaban llevar, el museo había conseguido convertir una noche dedicada a la cultura hispana en un encuentro entre comunidades.
Una herencia que cruzó el atlántico
La celebración tiene una conexión especial con el propio protagonista del museo, Salvador Dalí. El artista nació en Figueres, Cataluña, y mantuvo durante toda su vida una profunda relación con los paisajes y la cultura de su tierra. Cadaqués, el Cabo de Creus y Portlligat aparecen una y otra vez vinculados a su obra y a su identidad artística.
Por eso, para el Museo Dalí, celebrar el Mes de la Herencia Hispana también representa una oportunidad para mirar hacia esa raíz española y observar cómo esa herencia se transformó al llegar a América.
“Salvador Dalí abrazó profundamente su cultura”, explica Kim Macuare, directora de Educación del Museo Dalí.
Pero la celebración no pretende presentar una única manera de entender lo hispano, al contrario, la programación recorre diferentes países, expresiones artísticas y tradiciones para mostrar la diversidad que existe dentro de ese amplio universo cultural.
“Cada país ha tomado esa herencia compartida y ha creado algo propio”, explica Macuare.
De Puerto Rico llegan los tambores, de Chile y Argentina, el vino, de México, el cine de Luis Buñuel, de la poesía cubanoamericana llegan las voces de Virgil Suárez y Carolina Hospital; y desde el jazz, Fernando Cruz llevará al museo los sonidos del latin jazz.
El público al Museo Dalí se integró al baile de bomba y plena de origen puertorriqueño, interpretado por la agrupación ‘Proyecto 813-PR’.
La relación entre el Museo Dalí y la comunidad hispana tampoco comenzó con esta celebración. Macuare destaca la presencia de voluntarios y docentes bilingües que durante años han ayudado a acercar el museo a los visitantes de habla hispana.
Entre ellos está Rita Risco, quien acumula más de cuatro décadas de servicio al museo. Las visitas guiadas en español forman parte de esa conexión, pero también lo hacen los artistas, músicos, académicos y escritores que han participado en diferentes programas.
Para Macuare, esa presencia ayuda a que el museo sea un reflejo de la comunidad que lo rodea y la noche de la inauguración fue una muestra de ello.
Cuando el tambor conecta con los jóvenes
La historia personal de Marisol Quiles ayuda a entender por qué la música ocupa un lugar tan importante en esta celebración.
Nacida en Chicago y descendiente de padres y abuelos puertorriqueños, Quiles creció escuchando la importancia de mantener viva la conexión con sus raíces, para ella, el tambor se convirtió en ese puente.
Hoy enseña bomba a jóvenes de diferentes orígenes. Venezolanos, colombianos, incluso niños de Tailandia. Algunos de esos jóvenes ya cantan las canciones, conocen los ritmos y aprenden a tocar los tambores.
“Todos unidos somos más”, afirma Quiles. Su mensaje para los jóvenes hispanos es directo: no tener miedo de explorar sus raíces. “Quieren aprender, quieren conectar”, sostiene.
En una comunidad donde muchos niños nacen o crecen lejos del país de origen de sus padres, esa conexión puede comenzar con algo tan sencillo como una canción o con el sonido de un tambor.
“Finalmente la encontré”
Entre quienes disfrutaron la inauguración estuvo Natalia Vargas, puertorriqueña que vive en St. Petersburg desde hace dos años. Durante ese tiempo había buscado espacios donde pudiera encontrarse nuevamente con la bomba puertorriqueña.
La encontró en un lugar que, hasta entonces, no imaginaba, el Museo Dalí. “Me encantó, me fascinó”, recuerda.
Vargas bailó, disfrutó de la música y observó cómo el público se involucraba con la presentación. Lo que más le sorprendió fue descubrir que un museo reconocido mundialmente por la obra de Dalí también estaba dispuesto a abrir sus puertas a las tradiciones de la comunidad hispana.
“Realmente no sabía que el Museo de Dalí hacía eventos de esta naturaleza”, reconoce.
Su deseo es que estas iniciativas continúen y que St. Petersburg tenga cada vez más espacios donde las comunidades latinas puedan encontrarse. “Tenemos que unirnos más, debemos tener más eventos”, afirma.
Poster oficial por parte del Museo Dalí, celebrando el mes de la hispanidad.
Un mes para escuchar, mirar, saborear y descubrir
Después de los tambores de la inauguración, la celebración continúa. El 24 de septiembre, el museo presentará “Al sur del ecuador”, una cata guiada de seis vinos procedentes de reconocidas regiones vinícolas de Chile y Argentina.
El 1 de octubre, el cine ocupará el escenario con El ángel exterminador, la obra surrealista de Luis Buñuel, realizada en 1962, seguida de un coloquio sobre la película.
El 8 de octubre, la poesía llegará con Virgil Suárez y Carolina Hospital, invitados a una velada de poesía en vivo. Y el 15 de octubre, Fernando Cruz cerrará la programación con una presentación de Latin Jazz.
Durante todo el mes, los visitantes también podrán participar de visitas guiadas en español, disfrutar propuestas gastronómicas inspiradas en los sabores de España en Café Gala y tomarse fotografías en un espacio temático creado especialmente para la celebración.
La programación convierte al museo en un punto de encuentro donde las diferentes expresiones de la cultura hispana dialogan con la historia y el legado de Dalí.
Más allá de un mes
El último golpe del tambor puede haber marcado el final de una canción, pero la historia que cuenta permanece. Porque para quienes participaron en aquella noche inaugural, la herencia hispana no es solamente una celebración anual.
Es memoria, es identidad, es una receta familiar, una canción aprendida de los abuelos, una palabra que sobrevive a miles de kilómetros o un baile que pasa de una generación a otra.
Y también es la posibilidad de compartir todo eso con quienes no crecieron dentro de esa cultura. En el Museo Dalí, esa conversación encuentra un escenario inesperado.
Las raíces catalanas de Salvador Dalí sirven como punto de partida para un viaje que atraviesa el Atlántico y llega a Puerto Rico, Cuba, México, Chile, Argentina y a las diferentes comunidades hispanas que hoy forman parte de Florida.
La noche del 17 de septiembre, ese viaje comenzó con un tambor. Y mientras la bomba y la plena hacían bailar al público, quedó claro que algunas historias no necesitan estar escritas en una pared para convertirse en arte, a veces basta con solo escucharlas, basta con que un tambor empiece a sonar.