El último acorde no siempre se escucha. A veces queda suspendido en el aire, atrapado entre los recuerdos de quienes estuvieron allí cuando sonó por última vez.
En Tampa, varios niños y jóvenes quizás no entendieron del todo lo que estaba ocurriendo cuando sus maestros de música comenzaron a despedirse. Algunos prometieron mantenerse en contacto, otros simplemente abrazaron a quienes durante años les enseñaron a encontrar una voz, a dominar un instrumento o a descubrir que el arte podía convertirse en refugio.
“Los maestros abandonaron el país, se sintieron presionados por todo el problema migratorio, dijeron que no había solución hacia su solicitud. Maestros de una gran calidad, de gran reconocimiento, intachables, con una obra, una página moral y de ética, pues impresionante”.
Son las palabras de Francisco Díaz, presidente y director musical de Sunstate Orchestral Program en Tampa, quien relató a CENTRO TAMPA lo sucedido a los maestros de música clásica Juan Carlos Pineda, Rubén Arocha y Samael Jaimes: “los procesos se les fueron cerrando, a ellos y a la comunidad inmigrante. Se les suspendió el estatus de protección temporal que ellos tenían, y a eso se les sumó los cambios en los asilos, entonces decidieron no seguir con un proceso adicional y devolverse”.
Samael Jaimes era el director coral; Ruben Arocha, era el director de la cátedra de piano; y el maestro Juan Carlos Pineda, dedicado a la fusión de ensambles de percusión y guitarra, además de dirigir el proyecto del cuatro venezolano dentro de esta orquesta creada como una fundación sin ánimo de lucro.
Pero detrás de aquellas despedidas había una realidad mucho más compleja: la incertidumbre migratoria que obligó a numerosos venezolanos a abandonar Estados Unidos y dejar atrás la vida que habían construido.
Uno de ellos fue Samael Jaimes Orejarena. Músico, profesor vocal y formador de jóvenes talentos y que llegó a Tampa en 2019 con la convicción de que la música podía transformar vidas. Él nos relató lo que le sucedió, ahora desde Venezuela.
“El saber que por motivos específicamente migratorios y en circunstancias donde no tengo y donde no tenemos el control absoluto, pues conlleva a que, con profundo dolor e impotencia, pues cese nuestra labor en los Estados Unidos de América. En mi caso fue así. Fui paso a paso organizando mi documentación hasta poder homologar mi título, pero el camino fue cambiando”.
Según cuenta, la etapa de la pandemia, los cambiantes procesos migratorios sobre el TPS que lo cobijaba y un declive de salud en su familia, lo llevaron a tomar la decisión de regresar a su país.
“El COVID nos afectó a muchos y retrasó aún más todo mi proceso, y no solamente el mío, sino de muchos compañeros. También circunstancias personales, sobre todo de salud, de mi esposa, de mi hija y la mía también”.
Interpretación clásica por parte de los niños y jóvenes que hacen parte del Sunstate Orchestral Program, en honor de los maestros en su despedida. En la guitarra, Juan Carlos Pineda y al piano, Rubén Arocha.
El maestro Samael Jaimes era el director coral del Sunstate Orchestral Program, que consistía en dirigir el coro de adultos, multicultural. Compuesto por americanos, centroamericanos y de Suramérica: “también del coro de niños y el coro preinfantil, desarrollaba currículum, planes y estrategias de impacto al modelo de enseñanza que nosotros estamos promoviendo”, expuso Franciso, director de la orquesta.
Sin embargo, llegó el momento de empacar no solo sus pertenencias, sino también una parte importante de su historia. La decisión de salir voluntariamente del país estuvo marcada por la incertidumbre que enfrentaron miles de venezolanos afectados por los cambios migratorios relacionados con el TPS.
Para Samael sus alumnos son un capítulo especial: “aproximadamente 19 niños estaban a mi cargo. Cuando los recibí, recuerdo que estaban en un nivel cero o de iniciación y, bueno, fui llevándolos a tocar y a desarrollar el repertorio clásico a su nivel, y dejarlos ahora después de formarlos, es muy duro”.
Retirada de alumnos
Francisco, el director de la orqueta, describió que varios padres le preguntaron por el sustituto en cada una de las ahora plazas vacantes, en las distintas cátedras, a lo que Diaz les respondió: “mira, cómo te puedo dar yo esa respuesta dentro de esta comunidad de inmigrantes que es bien complicada, porque ahora alguien se quiere ir, está por irse o debe irse, ellos llegaron por sus talentos, y la naturaleza musical nos trae personas como ellos, ha sido así, es difícil saber quién viene”.
Explicó que finalmente muchos de esos padres, aproximadamente 30 familias, decidieron también no continuar con su proyecto musical, aseguró que el impacto psicológico de las noticias sobre la partida de los maestros en los niños fue fuerte.
“Construir algo y no terminarlo pues no es bueno, no se ve bien y lo real es terminar lo que se empieza y sobre todo lo que con tanto esfuerzo se logró y también de la positiva manera en la que iba. Entonces pues terminarlo así no está bien y ha generado todo este tipo de sentimientos. Sin embargo, pues quiero agradecer también a los Estados Unidos por la oportunidad ofrecida, no solamente para mí, sino para mi familia. Y una voz de apoyo también para mis colegas que por las mismas circunstancias han tenido que regresar”, nos dijo Samael desde Venezuela.
Por su parte, Rubén Arocha, quien ejercía como profesor de Piano de Sunstate Orchestral Program, salió de Tampa de la misma forma, por el vencimiento del TPS. Arocha nos dice también ya desde Venezuela, que lamentó dejar a niños que educó en piano desde casi unos bebés y que hoy día tienen entre 7 y 8 años.
“Todos ellos educados por mi piano, me duele mucho dejarlos y desde luego todo mi proyecto en Tampa, agradezco el interés de dar a conocer nuestra historia y desde acá en mi país Venezuela, enviarle un abrazo a la distancia a los niños que eduqué y a sus padres”.
Cabe recordar que el maestro Arocha fue uno de los fundadores en 2019 del Programa Orquestal de Sunstate, el cual ofrece una programación musical y personalizada para principiantes.
“Imagínate son 7 años al frente de este proyecto junto a Francisco. Por eso agradezco los mensajes que aún me llegan acá en Venezuela por parte de padres y alumnos. Y les reitero tanto a ustedes, como a todos ellos, que deseo volver y continuar con mi proceso de enseñanza”.
Interpretación del coro Sunstate Orchestral Program dirigido por Samael Jaimes.
Tanto Arocha como Samael, sintieron un profundo agradecimiento por el homenaje hecho a ellos por la orquesta dirigida por Franciso francisco Díaz, una demostración de lo importantes que ellos fueron para la comunidad tanto hispana como americana en Tampa.
Y es que el pasado 4 de abril, 350 personas se hicieron presentes para despedir con todos los honores a esto tres maestros de la música clásica.
“Fue bastante largo, un reconocimiento a cada una de las cátedras que ellos estaban manejando, una vez más su talento resonó ante una asistencia numerosa. Y adicionalmente la orquesta tocó para ellos, se les hizo un homenaje profundo y sincero”, describió con anhelo Francisco.
La partida de estos profesores fue sentida no solo por familias enteras. No se trataba únicamente de perder a unos instructores, se trataba de perder a unos guías que ya estaban inmersos en la sociedad hispana y reconocidos por su trabajo.
“Todos ellos fueron forjando a estos niños que, bueno, son las promesas futuras, son los virtuosos músicos del futuro. Nosotros creemos y estamos seguros de que lo que han hecho fue un aporte cultural a la ciudad de Tampa, forman parte del ramillete cultural de nuestra ciudad”.
Así lo dio a entender León Granado, presidente de Venezuela USA Foundation, otra organización sin fines de lucro, la cual les entregó reconocimientos en nombre de la diáspora venezolana en Tampa, por la labor que ellos realizaron durante siete años aquí en la Bahía.
“Al saber qué estos maestros tenían que dejar el país, quisimos ofrendarlos y honrarlos con unos reconocimientos donde les demostramos el aprecio, el respeto que sentimos por ellos, por el trabajo que hicieron, y nos hicimos presente en su despedida”, aseguró León.
Las discusiones sobre inmigración suelen centrarse en leyes, tribunales y decisiones gubernamentales. Son conversaciones necesarias, pero pocas veces se habla de las pequeñas ausencias que dejan esas decisiones.
La silla vacía frente al piano. El salón donde ya no se escuchan los ejercicios vocales. El maestro que ayudó a un niño a vencer la timidez y que ahora vive a miles de kilómetros de distancia.
Etas son las historias que permiten entender el verdadero costo humano de los cambios migratorios.
Hoy, mientras algunos de estos músicos intentan reconstruir sus vidas lejos de Tampa, su legado permanece en cientos de estudiantes que continúan interpretando canciones, practicando escalas y persiguiendo sueños que comenzaron en aquellas clases.