A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, José Orlando Giraldo Yepes no estaba en su negocio. Iba camino a Big Bang Piñatas y Regalos, en el barrio Alameda de Cali, cuando decidió detenerse unos minutos en el puesto de un paisano para comprar unas arepas de huevo y unas empanadas.
Tenía prisa. A las 8 de la mañana estaba programada una reunión con sus empleados para preparar el cambio de colección. Llegaba la temporada de Amor y Amistad y, después, Halloween: disfraces, globos, sorpresas, arreglos y todo aquello que durante dos décadas había convertido a su negocio en un referente para las familias del sector.
Pero aquella reunión nunca ocurrió. Treinta y seis minutos antes, la tierra comenzó a moverse.
Como todavía no había llegado el personal, nadie estaba dentro de la tienda cuando parte de la fachada se desplomó. La mampostería cedió y la mercancía salió a la calle.
José Orlando recibió una llamada mientras continuaba su camino. Le avisaron que algunas personas estaban intentando llevarse los productos que habían quedado expuestos.
Llegaron a tiempo para rescatar parte de lo que quedaba. Después vino el silencio que dejan las tragedias cuando termina el movimiento de la tierra y comienza la cuenta de las pérdidas.
Adentro, la escena era distinta. Estanterías cubiertas de polvo, mercancía deteriorada, paredes averiadas y una estructura que, aunque conserva sus columnas y permanece estable, necesita una reconstrucción de la fachada y la demolición de buena parte de la mampostería.
Desde hace dos semanas, José Orlando y un pequeño grupo de trabajadores han estado tumbando paredes. Veinte años de historia parecen haberse convertido, por momentos, en polvo.
Momentos captados en la ciudad de Cali luego del terremoto ocurrido en Colombia el pasado 10 de agosto. Imágenes de Big Bang Piñatas y Regalos, en el barrio Alameda de Cali.
[ Foto: Cortesía Blanca Castaño]
Blanca Castaño (centro camiseta negra) seguirá pendiente de su hermano en Cali mientras se recupera.
Big Bang no era solamente una tienda
Era el negocio que José Orlando levantó desde cero junto con su esposa. Allí trabajaron para sacar adelante a sus hijos. Allí construyeron el sustento de la familia. Allí crecieron generaciones de vecinos que llegaban buscando una piñata, un juguete, un disfraz o el detalle para una fiesta.
“Es lo único que tenemos”, cuenta. Y esa frase permite entender la dimensión de lo ocurrido.
Porque cuando se pierde una pared, se puede levantar otra. Cuando se rompe una estantería, puede reemplazarse. Pero cuando lo que está en riesgo es el sustento de una familia y el empleo de 18 personas, el terremoto deja de ser solamente un desastre físico. Se convierte en una incertidumbre que se prolonga después de que el suelo deja de temblar.
José Orlando tuvo que enviar a sus empleados a casa. Apenas cuatro personas permanecen ayudándolo a limpiar, mover mercancía y proteger lo que quedó. No hay ventas.
No pueden ingresar todos los trabajadores y los ahorros que tenían alcanzaron apenas para pagar la primera quincena después del terremoto.
[ Foto: Juan Jose Posada / CENTRO Tampa ]
Como punto principal de acopio fue escogido por parte del Comité de Solidaridad Tampa por Colombia, el bar restaurante Casa 21, un lugar que durante estos días dejó de ser solamente un establecimiento comercial para convertirse en un punto de encuentro de la solidaridad.
Ahora viene la pregunta más difícil: ¿cómo seguir?
La mercancía perdida representa una parte enorme del golpe. Muchos productos quedaron cubiertos por polvo y deteriorados. Otros simplemente dejaron de ser comercializables.
Por eso José Orlando espera que lleguen los censos de damnificados y que las autoridades puedan ofrecer alternativas: exenciones de impuestos, créditos sin intereses o mecanismos que permitan recuperar la mercancía perdida y reconstruir.
Por ahora, dice, la ayuda todavía no ha llegado. Pero hay algo que permanece intacto. La voluntad de volver a abrir.
José Orlando calcula que, si consigue los recursos necesarios, podría intentar levantar nuevamente su negocio en 15 o 20 días. No habla de abandonar. Habla de reconstruir.
[ Foto: Juan Jose Posada / CENTRO Tampa ]
América Osorio (centro), líder comunitaria que encabezó la Fase 2, en unión con los más de 160 voluntarios que durante tres semanas trabajaron en la recolección de ayudas humanitarias.
Tampa
Y mientras en Cali José Orlando enfrenta las paredes que tiene que volver a levantar, a miles de kilómetros, en Tampa, su hermana Blanca Castaño vive el terremoto desde otra dimensión: la de la distancia y la impotencia.
Blanca forma parte del Comité Solidaridad Tampa por Colombia, el mismo movimiento comunitario que durante dos fases reunió ayuda humanitaria para los damnificados en Colombia.
Desde Tampa, Brandon y Clearwater, cientos de personas se movilizaron para enviar alimentos, suministros y esperanza. Pero para Blanca la emergencia tenía un rostro conocido.
El de su hermano. “Está muy bajo”, contó. José Orlando atraviesa un proceso emocional difícil y recibirá acompañamiento psicológico. La familia intenta sostenerlo mientras él asimila lo que ocurrió.
Porque José Orlando no solamente perdió paredes, perdió mercancía que acababa de recibir de China, había desempacado un contenedor con productos destinados a la temporada del año. Lo que debía representar una oportunidad comercial terminó convertido en pérdidas.
Y mientras él intenta entender cómo empezar otra vez, la familia decidió hacer lo que muchas familias hacen frente a una tragedia: cerrar filas.
Blanca cuenta que entre todos lo han apoyado económicamente y que no lo han dejado solo. La ayuda, esta vez, no llegó en cajas. Llegó en forma de familia.
[ Foto: Juan Jose Posada / CENTRO Tampa ]
La cadena de solidaridad en Tampa consiguió reunir más de 700 cajas, distribuidas en tres camiones, para luego enviarlas a Miami y desde allí continuar su camino hacia Colombia.
Segunda fase
En Tampa, América Osorio y más de 160 voluntarios culminaban tres semanas de trabajo comunitario. Bodegas, transporte, clasificación, logística, empresas, fundaciones, organizaciones, medios de comunicación y personas particulares hicieron parte de una cadena de solidaridad que consiguió reunir más de 700 cajas, distribuidas en tres camiones, para luego enviarlas a Miami y desde allí continuar su camino hacia Colombia.
No fue una operación improvisada. Fue una comunidad organizada alrededor de una misma idea: ayudar.
Las donaciones fueron recibidas, seleccionadas y organizadas antes de llegar al centro logístico de Global Empowerment Mission, en Doral, desde donde continuaron su recorrido hacia Colombia.
Para América Osorio, esta segunda fase significó cerrar un capítulo, pero no cerrar la solidaridad.
La recomendación ahora es que quienes quieran seguir ayudando lo hagan a través de organizaciones como la Cruz Roja Colombiana o la iniciativa “Colombia un solo corazón”, promovida por la primera dama.
La emergencia puede cambiar de etapa. El dolor, sin embargo, no desaparece al mismo ritmo. En Cali, José Orlando todavía tiene paredes por derribar. Tiene mercancía que retirar, cuentas que pagar, empleados que esperan y una tienda que necesita volver a abrir.
En Tampa, Blanca seguirá pendiente de su hermano mientras intenta recuperar el ánimo. Y en ambos lugares permanece una certeza: el terremoto derrumbó parte de un negocio, pero no logró derrumbar el propósito de quienes están decididos a levantarse.
José Orlando lo resume sin rodeos: “Hay que continuar. No podemos dar el brazo a torcer”.
Quizás esa sea la verdadera reconstrucción. No comienza cuando vuelven a levantarse las paredes, comienza cuando, después de perderlo casi todo, alguien decide abrir nuevamente la puerta y volver a empezar
Si alguna persona, fundación u organización desea colaborar con la recuperación de Jose Orlando, lo pueden hacer contactándolo al WhatsApp +57 320 612 6623 o directamente a la cuenta corriente del Banco Bancolombia número 750-000024-23 a nombre de Big Bang Piñatas y Regalos SAS.
[ Foto: Cortesía Jose Orlando Giraldo ]
José Orlando asegura que podría intentar levantar nuevamente su negocio en 15 o 20 días con la ayuda de quienes deseen colaborarle.