TAMPA - Hay tragedias que el tiempo no logra archivar. El derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996, sigue siendo una de esas heridas que sobreviven al paso de los años, a los cambios políticos y a los discursos diplomáticos.
Y ahora, casi tres décadas después, el tema vuelve a sacudir al exilio cubano tras la acusación presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Raúl Castro por asesinato, conspiración y destrucción de aeronaves civiles.
Para muchos, no se trata únicamente de una acción judicial, se trata de memoria, de justicia y también de un recordatorio incómodo: la Guerra Fría en Cuba nunca terminó del todo.
“El día que tumbaron a los muchachos era mi vuelo. Yo no pude volar, uno de los muchachos voló por mí y es muy cercano a mi corazón. Ya son 30 años que hemos luchado con esto, otros presidentes han tratado, pero nadie pudo. Si no lo hacemos ahora con Trump, nunca va a ser”.
Son las palabras del expiloto de la organización Hermanos al Rescate, Rey Martin, quien en dialogo con CENTRO Tampa recuerda aquella época con una mezcla de solidaridad, tensión y desafío permanente.
Hermanos al Rescate nació en Miami como una organización humanitaria formada por pilotos civiles cubanoamericanos que salían al estrecho de Florida para localizar balseros cubanos perdidos en el mar. Aquellos vuelos comenzaron como misiones de rescate, pero terminaron convirtiéndose en un símbolo político de resistencia contra el castrismo.
“Nosotros salíamos a salvar vidas. Había gente muriendo en el mar tratando de escapar de Cuba”, sostiene Martin, quien asegura que los pilotos sabían perfectamente que estaban vigilados por el régimen cubano. “Pero nadie imaginó que iban a derribar aviones civiles desarmados".
Rueda de prensa Hermanos al Rescate en 1993. Solían informar a la opinión publica cada una de sus misiones antes de partir. Hangar de la organización en el área de Miami-Opa Locka.
El 24 de febrero de 1996, dos avionetas de la organización fueron derribadas por cazas MiG cubanos. Murieron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales. Durante años, el caso quedó atrapado entre investigaciones internacionales, discursos diplomáticos y el silencio político que suele imponerse cuando Washington y La Habana atraviesan momentos delicados.
“¿Y usted por qué no voló ese día? Porque estaba volando mucho y como siempre hacíamos, era una rutina ordinaria, nosotros siempre de vez en cuando hacíamos esto, igual lo hacían los pilotos de Miami”.
Explica que eran 80 pilotos voluntarios los que podían volar y su base era Tampa, la ciudad donde siempre ha vivido. “Nos llamaban el grupo de Tampa, había tres, José Morales, Lázaro Farías y yo, Reynaldo Martín”.
Ahora, la reciente acusación contra Raúl Castro revive una discusión que nunca desapareció en el sur de Florida: ¿por qué tomó treinta años?
“Lo que yo quisiera. Que fueran a Cuba, lo recogieran, lo trajeran aquí, lo pusieran ante la justicia y que lo pongan en cárcel. Queremos ayudar a los presos políticos que aún están en la isla, que se dé la liberación de Cuba y de todos los cubanos que están allá ahora y que necesitan ayuda”, puntualizó el expiloto de Hermanos al Rescate.
Bob Buckhorn, exalcalde de Tampa
La pregunta también ronda entre quienes vivieron aquellos hechos desde adentro. Bob Buckhorn, exalcalde de Tampa y antiguo miembro de la organización, considera que la decisión judicial tiene un peso histórico, aunque llega tarde. “Lo importante es que el caso no murió”, afirma Buckhorn. “Hay familias que llevan décadas esperando que alguien responda por lo ocurrido”.
Pero Buckhorn también deja entrever algo que muchos en el exilio piensan en voz baja: la acusación ocurre en un momento políticamente conveniente para Washington. El endurecimiento reciente de la postura estadounidense frente a Cuba ha devuelto protagonismo a temas que parecían archivados.
A la izquierda el exalcalde de Tampa, Bob Buckhorn, quien acompañaba las misiones abordo como pasajero ayudante. A la derecha, el expiloto de la organización Hermanos al Rescate, Rey Martin.
“Participé en la misión y, después del derribo de las avionetas, fui responsable de lograr que la ciudad aprobara la construcción del monumento en honor a los cuatro pilotos que fueron asesinados, así como el cambio de nombre de la esquina de Dale Mabry y Columbus Drive para designarla como ‘Brothers to the Rescue Corner’”.
Para el exalcalde la acusación contra Raúl Castro y los pilotos involucrados llega con 30 años de retraso: “cometieron un asesinato a sangre fría contra pilotos desarmados que realizaban misiones humanitarias y deben ser llevados ante la justicia, junto con cualquier persona aquí en los Estados Unidos que haya conspirado con el gobierno cubano de cualquier manera o forma”.
Y ahí aparece la otra dimensión de esta historia: la política.
En Miami, la noticia fue celebrada por sectores del exilio cubano como un acto de justicia histórica. Otros, sin embargo, observan el movimiento con escepticismo y creen que el caso también funciona como símbolo político en medio de una nueva escalada de tensión entre Estados Unidos y La Habana.
Expreso político en Cuba
Para Roberto Pizano, quien fue preso político en Cuba, el debate jurídico pasa a segundo plano frente al sufrimiento humano que dejó el régimen castrista durante décadas.
“El miedo en Cuba era y es real”, asegura Pizano. “Muchos pagaron con cárcel, con exilio o con la vida simplemente por pensar diferente”. Su testimonio conecta directamente con la generación de cubanos que vio en Hermanos al Rescate mucho más que un grupo de aviadores.
Esquina en honor a los caídos de Hermanos al Rescate en la ciudad de Tampa. Dale Mabry y Columbus Drive, en enero 23 de 1997.
Para miles de exiliados, aquellas avionetas representaban la posibilidad de salvar vidas y, al mismo tiempo, la denuncia constante contra una dictadura que controlaba incluso el mar.
“Yo considero que es un gran paso que ha dado la administración de los Estados Unidos contra Raúl Castro, porque no solamente es el crimen de los Hermanos al Rescate, ese hombre lleva cometiendo crímenes en Cuba desde el año 1958, desde la Sierra Mata, fusilando y asesinando personas”, anota Pizarro.
La reciente imputación contra Raúl Castro no cambiará el pasado. Probablemente tampoco alterará el futuro inmediato de Cuba, pero sí reabre una conversación que Estados Unidos y el exilio cubano nunca lograron cerrar completamente.
Porque detrás del expediente judicial hay algo más profundo: cuatro hombres muertos en el estrecho de Florida, familias esperando respuestas y una generación marcada por la idea de que buscar libertad podía costar la vida.
Treinta años después, el ruido de aquellos MiG todavía resuena en la memoria del exilio cubano.
El expiloto de la organización Hermanos al Rescate, Rey Martin, posando al lado de una de las aeronaves utilizadas para el rescate de balseros cubanos.