La tensión en torno a Venezuela alcanzó un punto sin precedentes tras el despliegue de ocho buques de guerra estadounidenses en aguas cercanas al mar Caribe. Lo que comenzó con un número reducido de naves se transformó en un cerco naval con presencia permanente en las Antillas y en puntos estratégicos de la región. La administración Trump sostiene que la operación está dirigida contra estructuras de narcotráfico y no contra la población civil, aunque el movimiento reconfigura el mapa político y militar de la zona.
El periodista y analista político Hernán Lugo Galicia, residente de la Bahía de Tampa, describió la situación como una “fase de movimiento táctico”. Explicó que, a diferencia de ocasiones anteriores, cuando las acciones eran mensajes aislados, “ahora existe un plan respaldado tanto por el Ejecutivo como por el Poder Judicial de Estados Unidos”.
Afirmó que el Departamento de Justicia acusó a Nicolás Maduro de liderar el Cartel de los Soles, apoyado en testimonios de exfuncionarios venezolanos y cabecillas de carteles detenidos.
El cerco marítimo se acompaña de un discurso político más agresivo en Washington. La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reafirmó que Maduro encabeza una red narcoterrorista. Por su parte, el secretario de Estado Marco Rubio señaló que se está conformando una coalición internacional contra el narcotráfico. A su vez, el congresista Carlos Giménez advirtió que “los días de Maduro están contados” y subrayó que Trump mantiene “todas las opciones abiertas” frente al régimen venezolano.
Cortesía de la Marina de EE. UU.
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Buque de asalto anfibio clase Iwo Jima
Un plan de Estado con respaldo judicial
Lugo Galicia enfatizó que la diferencia clave con etapas anteriores radica en la coordinación de los poderes estadounidenses.
“No se trata solo de esperanza, existe un plan que será defendido como una cuestión de Estado y como una amenaza a la seguridad nacional”, dijo. El Ejecutivo identificó al Cartel de los Soles como organización terrorista, y la Judicatura estadounidense respaldó esa calificación con causas abiertas en tribunales de Nueva York y Miami.
Las investigaciones incluyen a figuras como el general Clíver Alcalá y al exjefe de inteligencia Hugo “El Pollo” Carvajal. Este último se declaró culpable en Estados Unidos por cargos de narcoterrorismo y narcotráfico, hecho que marca un punto de inflexión en las acusaciones contra la dirigencia chavista.
“Estados Unidos nunca se apoya en una sola fuente, confirma con diez antes de dar un hecho por probado”, indicó Lugo Galicia, subrayando que toneladas de cocaína incautadas en puertos estadounidenses provienen de rutas venezolanas.
Venezuela no es un gran productor, dijo, pero funciona como centro de tránsito. Informes de organismos internacionales calculan que más del 60% de la cocaína con destino a Estados Unidos atraviesa territorio venezolano.
“Eso no ocurre sin autorización de sectores militares”, agregó.
El despliegue de buques de guerra y su alcance estratégico
Al principio se habló del envío de tres portaaviones y un número limitado de destructores. Hoy, según fuentes navales, la cifra ascendió a ocho naves en misión activa. Entre ellas figuran los destructores USS Gravely, USS Jason Dunham y USS Sampson, con capacidades de interdicción marítima y defensa aérea.
“El valor de este despliegue no se limita al aspecto militar, también apunta al psicológico”, señaló Lugo Galicia. Explicó que la intención sería presionar a Maduro mediante un bloqueo que impida la salida de drogas y minerales.
“Si no pueden asegurar recursos para sostener las fuerzas represivas, tarde o temprano la estructura colapsará”, añadió.
Washington dejó claro a Caracas que el despliegue de tropas y barcos no implica una invasión inminente. Pero, para Lugo Galicia, todo se reduce a una operación militar de carácter quirúrgico.
“No podemos hablar de 72 horas ni de una semana; puede tomar días, pocos o muchos, es un proceso gradual”, puntualizó Lugo Galicia. Según él, el objetivo es forzar negociaciones internas o la entrega de figuras del narcotráfico dentro del círculo de poder chavista.
Movimientos en el chavismo y ajustes internos
Mientras Estados Unidos mueve sus piezas, también se registran fracturas en Caracas: la renuncia de Gladys Requena como inspectora de tribunales fue interpretada por Lugo Galicia como parte de un reajuste interno. De inmediato, tras el inicio de la operación militar estadounidense en aguas caribeñas, Nicolás Maduro respondió con la liberación, el 24 de agosto, de 13 presos políticos —entre ellos Américo De Grazia, Pedro Guanipa, Rafael Ramírez y el activista Gorka Carnevalli—, algunos bajo régimen de presentación y otros bajo arresto domiciliario. Sin embargo, estas excarcelaciones contrastan con las cifras publicadas el 26 de agosto por la ONG Foro Penal de Venezuela, que documentó 816 presos políticos en el país. De ese total, 89 son extranjeros o tienen doble nacionalidad; además, 720 son hombres, 96 mujeres, 646 civiles, 170 militares y cuatro menores de edad.
“Estamos ante movimientos tácticos para ganar tiempo y enviar mensajes dentro del chavismo”, comentó.
De igual modo, el chavismo reforzó controles internos: restringió vuelos de drones, prohibió sobrevolar determinadas zonas y convocó a la Asamblea Nacional para debatir supuestas conspiraciones. Paralelamente, los organismos de inteligencia investigan a sus propios funcionarios para determinar lealtades. “Se trata de mantener cohesión y evitar que surjan traiciones”, explicó Lugo Galicia.
El discurso oficial insiste en que Maduro cuenta con millones de milicianos listos para defender el país, aunque el analista cuestiona esas cifras.
“No existen 4,5 millones de milicianos, eso solo está en su narrativa y las milicias no se sacrificarán por él”, dijo.
Apoyo internacional y aislamiento progresivo
Lugo Galicia subrayó que no se trata de una operación unilateral de Estados Unidos. Al menos 14 países, entre ellos Guyana, Trinidad y Tobago, Curazao, Paraguay, República Dominicana, Francia, Argentina y El Salvador, ya se han unido o están en proceso de unirse a la coalición para combatir el narcotráfico y el terrorismo. En los últimos meses, Brasil y Colombia han ajustado sus posiciones y reconocido la existencia de grupos armados en la frontera venezolana.
“A medida que Maduro se quede sin aliados, quedará acorralado”, expresó el analista. El giro en la postura del presidente colombiano Gustavo Petro, tras reuniones con funcionarios estadounidenses, refuerza la percepción de aislamiento regional. En Brasil, el gobierno ya no reconoce a Maduro como presidente legítimo. Sin embargo, trascendió públicamente en diversos medios que durante la cumbre de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA/Celac), realizada los días 21 y 22 de agosto en Bogotá, se discutió la llamada “Operación Imeri”: un presunto plan para rescatar al presidente venezolano Nicolás Maduro, promovido por Brasil en respuesta al despliegue militar estadounidense. El documento indicaba que el gobierno brasileño había evaluado la posibilidad de ejecutar un plan para “extraer” al mandatario venezolano. No obstante, el gobierno de Brasil negó oficialmente que tales planes se discutieran en la cumbre, y el propio portal DefesaNet, donde se originó la información, aclaró que ninguno de esos escenarios contaba con aval formal del Ministerio de Defensa ni involucraba un despliegue real de recursos humanos o logísticos.
Escenarios históricos y comparaciones con Panamá
La presencia militar estadounidense en el Caribe trae a la memoria la invasión de Panamá en 1989, cuando Manuel Noriega fue capturado y juzgado en Miami. Lugo Galicia trazó paralelos, aunque destacó diferencias en las herramientas actuales.
“Hoy no es necesario tomar un país entero. Con la tecnología disponible se pueden ejecutar operaciones selectivas”, señaló.
Esa posibilidad explica la suspensión de vuelos de drones en Caracas y la ampliación de zonas estratégicas de seguridad alrededor de Miraflores y otras instalaciones críticas. La medida refleja temor ante una operación precisa de extracción contra altos funcionarios del régimen.
Los precedentes en Panamá y Medio Oriente forman parte del debate político en Washington. Algunos expertos citan esos casos como modelos posibles, aunque diplomáticos como James Story, exembajador estadounidense para Venezuela, descartan una intervención militar.
Foto cortesía de la Marina de Estados Unidos
Un AV-8B Harrier, asignado a los “Thunder Chickens” del Escuadrón de Convertiplanos de Media Envergadura de la Infantería de Marina (VMM) 263 (Reforzado), aterriza en la cubierta del buque de asalto anfibio clase Wasp USS Iwo Jima (LHD 7) durante operaciones de vuelo en el Atlántico, el 24 de agosto de 2025. El Grupo Anfibio Iwo Jima (IWO ARG) y la 22ª Unidad Expedicionaria de Infantería de Marina de Operaciones Especiales Capaces (MEU (SOC)) están desplegados en el Atlántico en una misión programada.
Reacciones en Washington
Mientras tanto, se multiplican los pronunciamientos sobre Venezuela desde la Casa Blanca. La portavoz Leavitt reiteró que Nicolás Maduro no es reconocido como jefe de Estado, sino como líder de una organización criminal.
“El régimen de Maduro no es el gobierno legítimo de Venezuela. Es un cartel de drogas. Maduro no es un presidente legítimo. Es el líder fugitivo de ese cartel y ha sido acusado en Estados Unidos por traficar drogas hacia nuestro país”, afirmó.
Leavitt agregó que las acciones de Estados Unidos cuentan con respaldo regional: “Muchos países caribeños y de la región han aplaudido las operaciones antidrogas y los esfuerzos de la administración”, y señaló que el presidente Donald Trump está dispuesto a emplear todos los recursos del poder estadounidense para frenar la entrada de drogas al país y llevar a los responsables ante la justicia.
Además, Estados Unidos mantiene una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura de Maduro y ha incautado más de 700 millones vinculados a su red financiera. Al mismo tiempo, la fiscal general Pam Bondi acusó a Nicolás Maduro de intentar sobornar a funcionarios en Honduras, Guatemala y México para garantizar libre acceso de aeronaves venezolanas a su espacio aéreo. Según Bondi, esos corredores habrían sido utilizados como puente para el narcotráfico y el intercambio de armas.
La narrativa coincide en un punto: el narcotráfico es un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos. Ese consenso bipartidista refuerza la idea de un plan sostenido más allá de los ciclos electorales.
Aliados internacionales y el tablero geopolítico
El eje de Caracas con Rusia, China e Irán introduce otra variable. Maduro ha solicitado pronunciamientos de Pekín y otros aliados, aunque la respuesta hasta ahora ha sido muy limitada. Lugo Galicia considera que a China le interesa recuperar inversiones y deudas petroleras, lo que podría llevarla a aceptar un cambio de gobierno en Caracas.
“China favorece la estabilidad para cobrar lo que se le adeuda”, observó.
Rusia, en cambio, podría negociar la situación venezolana en el marco de sus conversaciones con Washington sobre Ucrania, de acuerdo con el analista.
“Siempre ha existido la hipótesis de un canje geopolítico: Maduro a cambio de concesiones en Europa del Este”, dijo Lugo Galicia. Irán, por su parte, ha mantenido cooperación energética, pero enfrenta sus propias presiones.
La correlación de fuerzas internacionales sugiere que el margen de maniobra de Caracas se reduce.
“También estamos ante un juego político mundial”, expresó Lugo Galicia.
Desenlace abierto
La operación en curso no es un gesto aislado, aseguró.
“Confiemos en el plan en marcha”, señaló, convencido de que el chavismo perdió la oportunidad de una salida electoral y democrática el 28 de julio de 2024, cuando se celebraron las elecciones presidenciales. Ahora, cualquier escenario dependerá de la presión económica y militar, y de negociaciones internas en el alto mando.
El futuro inmediato incluye varias opciones: diálogos diplomáticos, sanciones reforzadas, capturas selectivas o incluso una mayor escalada. La oposición observa con cautela mientras el régimen endurece controles y exhibe fisuras. El único punto claro es que Estados Unidos no improvisa y ha puesto en marcha una operación sin precedentes.
En este contexto, la dirigente opositora venezolana María Corina Machado, en un mensaje en video difundido recientemente desde la clandestinidad, afirmó que ‘la transición ya comenzó’, mientras la operación caribeña se desarrolla en un momento decisivo para el ámbito político del país suramericano. Sus palabras reflejan el clima de expectativa que recorre amplios sectores de la sociedad venezolana, convencida de que los acontecimientos en curso anuncian un desenlace inminente.
Sin embargo, el final sigue siendo incierto. El cerco naval confirma que Washington asume con seriedad sus operaciones militares, mientras la cronología en desarrollo en el Caribe sitúa a Venezuela en el centro de un tablero internacional abierto y tenso.
Imagen cortesía del Comando Sur de EE.UU
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