[ JEFFEREE WOO | Times ]
1. Yariel Hernandez of Tampa leads a chant with protesters during a rally at Al Lopez Park on March 29.
Las noticias sobre la posible caída del régimen cubano han conmovido los corazones de las familias cubanoamericanas en el exilio. La caída del régimen es probable. Lo que no está claro es qué lo reemplazará.
La respuesta a este interrogante debería residir en aquello con lo que las familias cubanas en el exilio —como la mía— han soñado durante más de 65 años.
Para Tampa, este asunto es personal. Somos el hogar de muchas familias de refugiados cubanos, así como de refugiados vietnamitas, nicaragüenses y venezolanos.
Somos el hogar del coronel Orlando Rodríguez, veterano de la Bahía de Cochinos que llegó a ser un condecorado "Boina Verde" y héroe de la Guerra de Vietnam. Somos el hogar de Roberto Pizano, preso político en Cuba durante 19 años, quien hoy aboga por la libertad desde Tampa.
Si Cuba alcanza la libertad, muchos habitantes de Tampa llevarán en el corazón a sus difuntos padres y madres —así como a sus abuelos y abuelas ya fallecidos—, deseando poder estar junto a ellos celebrando en la esquina de "Hermanos al Rescate" (Brothers to the Rescue), en el oeste de Tampa.
No les quepa duda alguna: muchos de los que ven coreando consignas y ondeando banderas apenas han pasado unos pocos años desde que fueron brutalmente maltratados por el régimen. Para ellos, esa experiencia resulta aterradoramente cercana e intensa.
¿Con qué han soñado estas familias durante décadas? Visualizaron una Cuba que lograra aquello que Fidel Castro traicionó en 1960 mediante promesas incumplidas: democracia, dignidad humana y libertad. Sin un reemplazo adecuado, las celebraciones por el cambio de régimen podrían tornarse algún día agridulces.
Un régimen comunista perverso, que ha sobrevivido a base de fuerza bruta durante más de 65 años, necesita un cambio radical tanto en lo económico como en lo cívico.
Entre 10 y 15 años, destacados líderes empresariales a nivel nacional mantenían reuniones periódicas y muy publicitadas con Raúl Castro para tratar sobre posibles cambios en Cuba. Sin embargo, el cambio de régimen no se reduce únicamente a una cuestión de dólares y centavos.
Ciertamente, los cubanos merecen una economía libre que traiga consigo prosperidad, dado que el comunismo engendra miseria económica. Pero dudo que aquellos líderes empresariales estuvieran hablando sobre derechos de voto y elecciones libres.
O sobre la libertad de expresión y el derecho a la privacidad. O sobre la brutal represión sufrida por las manifestantes del grupo "Damas de Blanco".
O sobre quiénes asesinaron a Oswaldo Payá y a Harold Cepero. Hace unos 25 años, el difunto luchador por la libertad cubana Oswaldo Payá encabezó el Proyecto Varela: una petición para exigir democracia, libertad de expresión, una prensa libre, elecciones libres, amnistía para los presos políticos y libertad religiosa.
Cerca de 11.000 valerosos cubanos, con las palabras de José Martí y del general Antonio Maceo grabadas en sus corazones, firmaron esta petición. Muchos, como José Daniel Ferrer García, fueron arrestados y encarcelados.
Payá tuvo la oportunidad, en repetidas ocasiones, de abandonar Cuba y venir a Florida como un disidente célebre. Pero se quedó y luchó. Al igual que Medgar Evers en su estado natal de Misisipi, Payá sabía que, si se quedaba, ponía su vida en riesgo.
En última instancia, Payá —al igual que Evers— sacrificó su vida por la libertad. Ningún exiliado cubano que, conmovido, pronunciaba la frase “El próximo año en La Habana’ durante el Año Nuevo, albergaba sueños centrados en la entrega de un paquete de Amazon en un casino habanero.
Tampoco implicaban tales sueños la transferencia del poder a aquellos vinculados con el régimen actual, cuyo desprecio por la libertad es tan patente como su adicción a un estilo de vida millonario.
Ellos compartían el mismo sueño que tuvo Oswaldo Payá, y que hoy mantiene su valiente hija, Rosa María Payá Acevedo: el sueño de que los cubanos tomen el control de su propio destino económico y cívico.
La libertad cívica debe ser innegociable e ir intrínsecamente ligada a la libertad económica. El sufrimiento del pueblo cubano jamás debería servir de cimiento para una «nueva Cuba» edificada sobre hoteles que emplean a cubanos que, en realidad, portan grilletes cívicos. Ese no era el sueño.
Al igual que para nuestros hermanos y hermanas venezolanos, este ha sido un periodo difícil para los cubanoamericanos. Una brutal campaña represiva en materia de inmigración —que ha llegado a tener como blanco incluso a quienes en su momento gozaron del Estatus de Protección Temporal (TPS)— ha provocado el desgarro de numerosas familias cubanoamericanas.
Ahora vislumbramos la posibilidad de un cambio en Cuba; una perspectiva que despierta tanto esperanza como inquietud.
Para mí, este asunto trasciende las meras pugnas partidistas. Me opongo al presidente Donald Trump por razones cívicas y morales de carácter fundamental; motivos por los cuales jamás me había opuesto a ningún presidente anterior.
No obstante, la libertad para Cuba debería ser el objeto de nuestras oraciones, independientemente de la fuente de la que estas provengan.
La pasión que los cubanoamericanos manifiestan ante esta causa emana de tres pilares fundamentales de la identidad latina: nuestra sangre, las trayectorias vitales de nuestras familias y una intensidad pasional que consideramos una bendición cultural otorgada por Dios.
El cambio de régimen en Cuba es mucho más que tus vacaciones baratas en la isla. De hecho, ¡al diablo con tus vacaciones baratas en Cuba si los cubanos no son libres!
Luis Viera representa al Distrito 7 en el Concejo Municipal de Tampa.
