Yesika Mérida llegó a Estados Unidos desde Ciudad de Guatemala cuando tenía solo 7 años. Entre sus primeros recuerdos en su país natal está el uso de un barril con agua caliente, del cual se servía para poder bañarse, una experiencia que contrasta con la disponibilidad de servicios básicos que encontraría más adelante en EE. UU.
Gracias al esfuerzo de sus padres por ofrecer un futuro distinto a sus hijos, comenzó su camino en Estados Unidos, junto con su integración al sistema educativo. La educación y el dominio del idioma inglés se convirtieron en pilares esenciales para su desarrollo personal y profesional, valores que sus padres promovieron como indispensables para salir adelante en este país.
Tras 27 años de servicio continuo en Bank of America, su carrera ha abarcado diversos roles, incluyendo el de gerente de operaciones en Tampa. La empresa le permitió trasladarse de Los Ángeles a Tampa cuando surgió una oportunidad laboral para su esposo. Ese cambio marcó el inicio de su vinculación con la comunidad local.
Mérida ha sido voluntaria en organizaciones como HorsePower for Kids, Meals on Wheels y The Springs of Tampa Bay, entre otras. Su servicio incluye apoyo directo con animales, entrega de alimentos a personas mayores y recaudación de fondos para sobrevivientes de violencia. Recientemente fue reconocida por su empleador como una de las voluntarias destacadas.
Infancia en Estados Unidos
Mérida llegó a EE. UU. en 1987.
“Lo que recuerdo de Guatemala es que no teníamos agua caliente para bañarnos”, rememoró.
Su familia fue integrada rápidamente a una escuela, lo que le permitió a ella y a sus hermanos comenzar a adaptarse al sistema educativo estadounidense. Sus padres priorizaron una educación sólida y el aprendizaje del inglés.
“La educación fue lo primero que tuvimos que hacer, especialmente el idioma”, explicó. Esa guía influyó en su rendimiento académico desde la primaria hasta la universidad. Completó sus estudios mientras trabajaba en Bank of America.
El proceso migratorio marcó un cambio significativo en su calidad de vida. Desde el inicio, Mérida valoró cómo el acceso a servicios básicos —como la electricidad o el aire acondicionado— transformó su vida cotidiana.
“Aquí puedes tener todo lo que quieras, y eso ya es motivo de gratitud”, dijo.
Inicio de su labor voluntaria
Luego de vivir muchos años en Los Ángeles, la mudanza a Tampa en 2015 ocurrió por una oportunidad laboral para su esposo. Bank of America facilitó la transferencia de Mérida a un puesto en Tampa, lo que permitió que toda la familia se estableciera en su nueva ciudad.
“Llegamos en 2015 con mis dos hijos”, contó. El cambio fue difícil para su hijo mayor, quien tenía 15 años y tuvo que dejar atrás su entorno anterior.
Ese desafío motivó la búsqueda de actividades significativas en familia. Mérida explicó que comenzó a buscar lugares donde sus hijos pudieran hacer voluntariado, para ayudarles a ver el cambio como algo positivo. Encontró en HorsePower for Kids una opción ideal para involucrarse en familia y compartir su amor por los animales.
La decisión de hacer voluntariado se consolidó rápidamente. Inició su servicio en 2015 y ha mantenido una participación activa desde entonces. Esa experiencia amplió su conexión con la comunidad local y con organizaciones que permiten una participación familiar.
En HorsePower for Kids, una organización sin fines de lucro dedicada al rescate y cuidado de animales —principalmente caballos—, ella y sus hijos limpiaban establos, alimentaban animales y realizaban labores de cuidado.
“Llevé a mis hijos allí porque aman y adoran a los animales”, dijo.
Esa primera experiencia desencadenó una serie de actividades de voluntariado vinculadas a distintas causas. Desde entonces, ha seguido colaborando con la organización y extendiendo su apoyo a otros grupos. Los niños participaron como voluntarios juveniles bajo su supervisión, lo cual les aportó valor educativo y emocional.
El voluntariado en HorsePower se convirtió en una oportunidad para enseñar a sus hijos sobre responsabilidad, empatía y servicio. Ella destacó que los niños aprendieron que “no solo se puede ayudar a personas, también se puede ayudar a los animales”. Esa conciencia profundizó su compromiso con el servicio comunitario.
Compromiso con los adultos mayores
Visitar a una persona mayor es mucho más que tocar la puerta y entregar una comida. Es abrirle una ventana al mundo a alguien que tal vez no ha hablado con nadie en días o que enfrenta una condición de salud. Mérida lo sabe bien. También es voluntaria en Meals on Wheels, repartiendo alimentos a personas mayores que necesitan apoyo. Junto a su hijo de 15 años, recorre vecindarios llevando algo más que comida: lleva conexión humana.
“Además de darles comida, intentamos sonreírles y darles una conexión humana”, expresó. Con cada entrega y cada conversación, madre e hijo comparten momentos que dejan huella tanto en los beneficiarios como en sus propias memorias.
Durante las visitas, conversan, cantan, escuchan historias y acompañan a personas que suelen vivir en soledad.
Mérida señaló que, en algunos casos, la fruta que entregan puede ser la única que esa persona reciba en toda la semana, o incluso en todo el mes.
Apoyo a sobrevivientes de violencia doméstica
Otro ámbito de servicio en el que Mérida está involucrada es el apoyo a mujeres que en su momento huyeron en silencio de la violencia doméstica y que ahora reciben ayuda para reconstruir sus vidas. Dedica tiempo a The Springs of Tampa Bay colaborando en la planificación de eventos, obtención de fondos y apoyo operativo para programas que asisten a personas afectadas por abusos físicos o emocionales.
“Apoyamos mucho en la solicitud de fondos, en brindar apoyo, planificar y asistir en eventos”, explicó.
Señaló que Bank of America refuerza ese trabajo mediante incentivos corporativos. Por cada 50 horas de voluntariado, la empresa dona $500 a la organización seleccionada por el empleado. Tras las 100 horas, la donación se duplica. Además, los empleados reciben ocho horas pagas al mes para usarlas en actividades de voluntariado sin afectar su jornada laboral.
Ese respaldo corporativo facilita que personas como ella puedan dedicar tiempo y recursos a causas sociales. Explicó que esos fondos ayudan a las organizaciones a mantenerse y continuar con sus servicios. La estructura institucional amplifica el impacto del voluntariado individual.
Equilibrio entre trabajo, voluntariado y familia
Conciliar su rol profesional, su labor como voluntaria y las responsabilidades familiares requiere organización. Mérida se casó a los 20 años y lleva 25 años con su esposo. Explicó que su esposo la apoya en la crianza de los hijos y participa activamente en el cuidado del hogar y de su madre, quien vive con ellos.
Además, la empresa comprende la carga personal y ofrece flexibilidad de horario. Mérida dijo que normalmente utiliza esas horas los sábados o domingos, lo que le permite mantener su empleo y su compromiso con las organizaciones sin interferir con otras obligaciones.
El apoyo familiar y un entorno laboral flexible han sido claves para mantener ese equilibrio. Ya sea cuidando a su madre, ayudando a sus hijos con sus deberes o colaborando como voluntaria, ha logrado sostener múltiples roles con respaldo institucional y emocional de su entorno.
Mérida tiene dos hijos: uno de 24 años, graduado de la Universidad del Sur de Florida (USF), y otro de 15, que aún cursa estudios escolares. Desde pequeños, les enseñó valores como la gratitud y la ayuda al prójimo. Compartió que su propia infancia, marcada por la pobreza, ayuda a sus hijos a comprender los contrastes de la vida.
“Éramos tan pobres que teníamos que compartir un solo Happy Meal entre mi hermanita y yo”, contó.
Ha inculcado en sus hijos un sentido de responsabilidad social al compartir sus historias de vida y experiencias.
“Ellos tienen que entender que todavía hay muchas personas que necesitan ayuda”, afirmó. En su hogar, el voluntariado se vive con entusiasmo. Los niños participan activamente y, según Mérida, uno de sus roles es hablar en español con muchos beneficiarios que solo dominan ese idioma. A través de esas experiencias, desarrollan empatía y solidaridad, asumiendo un rol activo en su comunidad. El voluntariado se ha convertido en una lección práctica de vida para ellos.
Reconocimiento profesional
Bank of America reconoció a Mérida como una de sus voluntarias destacadas después de muchos años de servicio. Ella comentó que no lo hace por premios, pero agradece que su dedicación sea valorada.
“No hago esto para recibir premios, pero sí me hace feliz y me llena en la vida”, expresó.
Ve ese reconocimiento como una oportunidad para inspirar a otros a involucrarse. También expresó su deseo de que más personas se animen a dedicar tiempo a su comunidad. Señaló que cada uno tiene su propio nivel de acción, pero que su ejemplo podría motivar a alguien a iniciar su propio camino de servicio.
También destacó la importancia de trabajar para una empresa que promueva y celebre estas acciones. El respaldo institucional le ha permitido desarrollar su misión y recibir reconocimiento formal sin interferir con su desempeño profesional.
Mirando al futuro, Mérida dijo estar interesada en seguir ampliando su labor comunitaria.
“No basta con esperar a que el mundo cambie; eso solo pasará si tú haces algo por los demás. Hay que ser el ejemplo para los demás, no se puede esperar que el mundo cambie si tú no le estás dando algo”, enfatizó.
Cree que la comunidad hispana en Tampa Bay seguirá creciendo y anticipa una mayor presencia de sus miembros en labores de voluntariado. Visualiza una participación más amplia en organizaciones locales, con impacto directo en iniciativas de servicio y distribución de ayuda.
Espera que su camino profesional y voluntario deje un legado basado en el servicio y la solidaridad. Mérida desea que su ejemplo anime a otros a dedicar tiempo y esfuerzo a la comunidad humana. Cree que ayudar a los demás fortalece el tejido social y crea entornos más justos y prósperos. Es una práctica que ha sostenido durante casi tres décadas, y que planea continuar por muchas más. Para ella, el servicio no es un destino, sino una forma permanente de estar presente en la vida de quienes más lo necesitan.