TAMPA — El 1 de septiembre, Estados Unidos conmemora el Día del Trabajador, una fecha que surgió a finales del siglo XIX tras las huelgas y movilizaciones de obreros en Nueva York y Chicago.
A diferencia de muchos países de América Latina que lo celebran el 1 de mayo, esta jornada en EE. UU. se ha transformado en un cierre simbólico del verano y en un momento para reflexionar sobre el papel de quienes sostienen la economía con su esfuerzo diario. Los trabajadores hispanos hoy tienen una presencia decisiva en sectores que van desde la construcción y la agricultura hasta la salud y los servicios.
Este año, el Día del Trabajador tiene un peso particular para la comunidad hispana.
Las políticas migratorias de la administración Trump, que endurecen los controles y generan incertidumbre en miles de familias, han puesto a los trabajadores latinos en el centro del debate público. En la región, como en el resto del país, la fecha adquiere un significado especial al reflejar tanto los logros como los desafíos de quienes mantienen en marcha diversos sectores de la economía estadounidense.
Las cifras confirman la magnitud de ese aporte. Según un informe histórico del Pew Research Center, 28 millones de hispanos en edad laboral vivían en Estados Unidos para el tercer trimestre de 2004, lo que les convertía en el segundo grupo laboral más grande después de los blancos. De esos, 18.2 millones estaban empleados y 1.3 millones buscaban trabajo, con una tasa de desempleo de 6.8%. El reporte también señaló que 64.3% de los hispanos en edad de trabajar tenían empleo, una proporción más alta que cualquier otro grupo étnico o racial.
Pero esas cifras han cambiado de forma drástica a lo largo de más de dos décadas. Según la Oficina de Estadísticas Laborales, en mayo de 2025, la fuerza laboral alcanzó un nivel histórico de 34.4 millones de trabajadores latinos e hispanohablantes de 16 años o más, lo que representa un incremento de 31% en comparación con la década anterior.
Hoy, las tensiones políticas marcan el tono de la conmemoración. Sin embargo, a comienzos de agosto, el presidente Donald Trump reconoció en una entrevista que “no es fácil reemplazar la mano de obra migrante” y que “ellos hacen el trabajo de manera natural.” El comentario expone una paradoja: aunque se intensifican las medidas de deportación y se reducen los permisos de trabajo, existe un reconocimiento público de lo difícil que resulta sustituir a quienes por años han sostenido la producción agrícola, la construcción, la salud y el sector de servicios.
Tres testimonios de trabajadores en la Bahía de Tampa ilustran cómo se vive este Día del Trabajador entre migrantes hispanos: relatos de crecimiento personal, emprendimientos y resiliencia en medio de la incertidumbre.
Juan Carlos Pinto, 64 años: de la banca al liderazgo comunitario
Residente de Wesley Chapel, Juan Carlos Pinto llegó a Tampa en 1997 cuando Citibank lo transfirió tras haber trabajado en Caracas, con una etapa anterior en la ciudad durante sus años universitarios. Desde entonces, construyó una carrera en comercio exterior, ascendió a una vicepresidencia bancaria y echó raíces familiares alrededor de la localidad. Es cofundador y director de la empresa Agente de Accidentes LLC.
“Soy un migrante ejecutivo”, dijo, recordando cómo el mundo corporativo lo llevó a integrarse en Estados Unidos.
Su trayectoria no se detuvo en las finanzas. Con los años, Pinto se hizo conocido por su participación en organizaciones comunitarias hispanas, ganándose el apodo local de “alcalde hispano de Tampa.” Ha estado vinculado con Alianza Hispana, la Venezuelan Suncoast Association, Prospera, cámaras de comercio y fundaciones de apoyo tanto a migrantes como a emprendedores locales.
“Siempre sentí que este país me adoptó, y mi forma de dar gracias es devolverle a la comunidad lo que he recibido”, dijo.
Se jubiló de Citibank en 2019 y, junto a dos socios, fundó su empresa. El negocio ofrece orientación gratuita a víctimas de accidentes, con un enfoque particular en la comunidad latina. Pinto señaló que la iniciativa surgió al ver abusos contra personas que desconocen la ley.
“Nuestro objetivo es acompañar a quienes han sufrido lesiones para que no sean engañados y sepan cómo manejar sus casos de forma ética y profesional”, comentó.
El empresario y líder comunitario reconoce que el Día del Trabajador en EE. UU. no tiene el mismo peso que el 1 de mayo en América Latina, donde abundan las marchas y protestas. Aun así, lo valora como un recordatorio del sacrificio migrante.
“He visto amigos levantarse a las 3:30 a.m., caminar kilómetros y tomar varios autobuses para llegar hasta sus sitios de trabajo. Eso merece reconocimiento”, dijo. Para Pinto, la fecha no es un día de descanso, sino un sinónimo de reflexión acerca del esfuerzo colectivo.
Consultado respecto al impacto de las políticas migratorias, fue enfático: “Tengo dos palabras: fe y esperanza. Ningún mal dura 100 años, ni cuerpo que lo resista. Sé que la situación va a cambiar.” Reconoció conocer familias que han dejado de ir a trabajar por miedo a ser detenidas, especialmente en construcción y limpieza.
“Es doloroso ver a padres con cuatro hijos paralizados por el miedo. Pero confío en que habrá un giro y que el trabajo honesto seguirá siendo valorado”, afirmó.
Su mensaje para los migrantes en Tampa para este Día del Trabajador es preciso: “No pierdan la esperanza. Cada día de esfuerzo deja huella. Nuestra comunidad ha aportado demasiado como para que se ignore nuestro lugar en esta ciudad.”
FOTOS CORTESÍA DE JUAN CARLOS PINTO / ACCIDENT AGENTS
Juan Carlos Pinto, fundador de la empresa Agente de Accidentes.
Anel “Nelly” Martínez, 42 años: salud estética y crecimiento con mesura
Nacida en Santiago de los Caballeros, República Dominicana, Anel Martínez creció en Puerto Rico y vivió en Filadelfia desde los 18 años. En 2012 llegó a Tampa atraída por el clima y una oferta laboral en la academia médica UMA.
“Di el salto”, recuerda.
Una década después, abrió Figura Med Spa en West Busch Boulevard, donde combina programas de pérdida de peso, escultura corporal y drenaje linfático con un enfoque no invasivo que integra hábitos y tecnología.
Su paso al emprendimiento vino tras una etapa difícil. Afirma que la depresión posparto durante el confinamiento por COVID-19 la llevó a investigar cómo ayudar a otras mujeres sin recurrir a la cirugía estética.
“Busqué ocupar mi mente con algo que sabía que podía ayudar”, contó.
Su formación mezcla experiencia hospitalaria en Filadelfia —asistente médica registrada y funciones en densitometría ósea, flebotomía, pruebas de esfuerzo— con cursos en salud estética, contorno corporal y protocolos postoperatorios.
Describe la recuperación de la confianza de sus clientas como el centro de su labor.
“Verlas irse de vacaciones, vestirse distinto y salir con una sonrisa es mi mayor satisfacción”, dijo Martínez.
En el spa, personaliza planes: hidratación, minutos de actividad, nutrición y sesiones que combinan salud y estética. La meta, advierte, son resultados sostenibles y educación al paciente con expectativas realistas. Su equipo dona servicios a sobrevivientes de cáncer de mama durante jornadas en el Art Institute.
Aun así, asegura que la situación migratoria ya ha afectado su agenda y eventos.
“He visto que muchas familias tienen miedo de salir e incluso de asistir a lugares públicos”, comentó. Señaló a clientas que se han ido del país por decisión propia o planean hacerlo. En su negocio, la entrada se maneja con un timbre controlado desde adentro, una medida que dice da tranquilidad a quienes temen visitas de autoridades.
Actividades comunitarias y rutinarias que antes reunían a decenas de personas hoy reciben pocas confirmaciones.
Martínez cree que se necesitan más técnicas latinas en el sector y mayor coordinación con cirujanos para mejorar la recuperación postoperatoria de los clientes. Observa que se habla de “antes y después” pero no de los procesos, riesgos y tiempos reales de reincorporación laboral tras un procedimiento estético.
“El cuidado posterior es fundamental, y aquí nos encargamos de educar y asistir a las personas en todo este proceso con una visión clara y objetiva”, dijo.
Para su campo, pidió más información y apoyo profesional que reduzca complicaciones y evite decisiones apresuradas.
“Tampa puede ser una ciudad de oportunidades para todos. No dejen que el miedo les quite la posibilidad de crecer. Esta ciudad es maravillosa, pero los trabajadores y emprendedores migrantes debemos unirnos y promocionarnos más”, afirmó.
FOTO CORTESÍA DE NELLY MARTÍNEZ / FIGURA MED SPA
Anel “Nelly” Martínez, 42 años, residente de Carrollwood y dueña de Figura Med Spa, posa en su clínica en Tampa donde ofrece programas no invasivos de pérdida de peso, contorno corporal y drenaje linfático.
Vanessa Rivera García: el arte como sanación, futuro incierto
Venezolana de la Isla de Margarita, Vanessa García llegó al área de la Bahía de Tampa en diciembre de 2020 con un plan de un mes que terminó convirtiéndose en residencia familiar tras la implementación del Estatus de Protección Temporal para venezolanos. Eligió Clearwater por su tranquilidad y cercanía al mar. Su formación universitaria es en estudios internacionales, con experiencia previa en relaciones públicas y bienes raíces.
Durante la pandemia encontró un lenguaje personal en la escultura con alambre y la pintura inversa sobre vidrio. Presentó primero una pieza titulada “Introspección” y hoy expone dos obras en el Imagine Museum de St. Petersburg como parte de la serie “Graphic Worlds/Comic Book Weekend 2025.” Sus temas giran en torno a rostros y parejas; busca transmitir emociones a través de miradas y símbolos reconocibles.
“El arte es sanación. Cada pintura o escultura está hecha para elevar el espíritu y recordarnos la importancia del amor y la conexión humana”, afirmó.
La artista transforma objetos cotidianos —zapatos, lámparas, mesas— y acepta piezas favoritas de clientes para intervenirlas. Dice que entrega encargos en pocos días porque es minuciosa con los detalles y acabados. Utiliza colores vivos para “inyectar energía” y diferenciar planos, como labios rojos en un trabajo con alambre negro. Reconoce que su público es específico y que su estilo dialoga con rasgos modernos y cercanos al cómic.
Entre sus retos mencionó el idioma. Lo entiende con fluidez, pero quiere fortalecer su comunicación en contextos de gestión cultural. Aun así, percibe potencial en el área de la Bahía de Tampa para artistas emergentes. Valora a St. Petersburg como un centro con galerías, museos y música, destacando que “hay mucho arte por metro cuadrado” en esa ciudad.
No obstante, el debate migratorio atraviesa su agenda. Dijo que su permiso de trabajo está por expirar y admitió sentir incertidumbre.
“Soy una artista que vine a dar lo mejor de mí. Vine a aportar en positivo, pago mis impuestos a tiempo y quiero mostrar, como muchos hispanos, que somos una comunidad llena de valores. Ojalá las autoridades puedan discernir bien y ver que somos personas honestas que queremos crecer junto a la economía del país”, dijo.
A pesar de esto, sostiene que “el futuro será mejor.” Confía en que esta etapa migratoria será temporal y que a través de su arte “seguirá sanando vidas.”
Rivera resume su mensaje a la comunidad hispanohablante en una sola idea: cada trabajador latino suma valor al tejido local.
“Nuestra contribución no debe invalidarse; fortalece nuestras raíces y nos recuerda que somos un complemento esencial en este país”, dijo. Invita a visitar su exposición en el museo y conversar con artistas que, como ella, iniciaron nuevos capítulos en la Bahía de Tampa.
Con el feriado del 1 de septiembre, la Bahía de Tampa entra en una jornada de reflexión mientras las decisiones federales sobre migración siguen marcando permisos de trabajo y contrataciones. Sin resoluciones definitivas en el frente migratorio, lo que queda comprobado son las cifras que miden el aporte de los trabajadores hispanos a la economía nacional, y tres relatos que, al cerrar el día, mantienen latiendo el pulso laboral y económico de la región.
FOTOS CORTESÍA DE VANESSA RIVERA GARCÍA / ARTISTA LOCAL
Una artista venezolana radicada en Clearwater, oriunda de la Isla de Margarita, posa junto a su obra en el Imagine Museum de St. Petersburg, donde expone dos piezas en la serie “Graphic Worlds/Comic Book Weekend 2025.”