Carlos Díaz dejó recientemente su cargo público tras un periodo de 12 años en la Comisión de la Ciudad de Safety Harbor, habiendo decidido no buscar la reelección este año.
El exjugador de béisbol profesional y empresario internacional —quien reside en la ciudad junto a su esposa, Lori, y su hija, Isabella— fue homenajeado durante su última sesión de la comisión, celebrada el 16 de marzo; en dicha ocasión, el alcalde Joe Ayoub le entregó una placa conmemorativa y un letrero vial con su nombre.
"Durante los 12 años en que Carlos sirvió en la comisión, tuvo un impacto enorme en la ciudad", afirmó Ayoub, destacando que entre los logros de Díaz se incluyen la creación de los parques Waterfront y Baranoff, las ampliaciones de la biblioteca y del centro comunitario, así como "presupuestos fiscalmente responsables y muchas otras mejoras".
"Sirvió con integridad; se le echará de menos y le estamos agradecidos por su servicio".
Tras la sesión, la familia Díaz y sus amigos se dirigieron al bar de vinos ‘Sips’ para celebrar una fiesta privada de despedida. Dos semanas más tarde, Ayoub organizó la despedida oficial de la ciudad para Díaz en el Museo de Safety Harbor, donde un nutrido grupo de simpatizantes se congregó para manifestarle su aprecio.
Estas prolongadas celebraciones de despedida resultaron muy apropiadas para Díaz, quien confesó que siempre había deseado incursionar en la vida pública, pero que sus constantes viajes se lo impedían.
Jugó al béisbol profesional durante una década y utilizó su título en contabilidad para forjar una carrera en el ámbito del transporte marítimo y la logística internacional, antes de fundar su propia firma de consultoría en 2009. Finalmente, redujo su ritmo de vida lo suficiente como para postularse a un cargo público en 2014.
[Foto de JEFF ROSENFIELD/TBN]
Una gran multitud acudió a la fiesta de despedida celebrada en honor del ex comisionado de la ciudad de Safety Harbor y ex vicealcalde, Carlos Diaz —quien aparece al fondo, con camisa azul—, en el Museo de Safety Harbor el 1 de abril. Diaz, exjugador profesional de béisbol y actual propietario de una firma de consultoría empresarial, sirvió 12 años en la comisión tras ser elegido en 2014.
Y, si bien en ocasiones discrepó con los residentes y con sus colegas de la comisión, Díaz era conocido y respetado por ser un hombre franco y directo, que nunca temió expresar abiertamente su postura ante los demás. "Carlos es un hombre de gran integridad que siempre aportó sensatez y una mente abierta a las reuniones", comentó Ben Cardoso, artista y residente de Safety Harbor, durante la fiesta de despedida de Díaz celebrada en el museo el 1 de abril.
"Sin duda, se echará de menos su presencia en la comisión".
Díaz afirmó que su experiencia en la comisión fue uno de sus "logros de los que se siente más orgulloso", pero consideró que ahora era el momento oportuno para dar un paso al costado y permitir que se escucharan nuevas voces.
"Una de las razones por las que supe que era el momento adecuado para no postularme de nuevo fue la persona que ocuparía mi puesto", dijo Díaz refiriéndose al ganador de las elecciones, Kevin Shanks, copropietario de la popular cervecería local Troubled Waters.
"Sabía que la ciudad quedaría en buenas manos, y pensé que a la comisión le vendría bien contar con una nueva voz".
Con su vida como servidor público ya en el pasado —al menos por ahora—, le hicimos a Díaz cinco preguntas sobre su mandato, incluida la posibilidad de que alguna vez se plantee la idea de volver a postularse.
Cuando fue elegido por primera vez, ¿pensó que permanecería en el cargo tanto tiempo como lo hizo?
Nunca pensé en cuánto tiempo me quedaría. Si alguien me hubiera preguntado, habría dicho que seis años. No quería que me etiquetaran como alguien de "una y fuera" —como solía decir el (exadministrador de la ciudad) Matt Spoor—, pero nunca imaginé que serían 12 años.
¿Cuáles son algunos de sus recuerdos más gratos y sus logros de los que se siente más orgulloso durante su mandato?
En 12 años hubo muchos logros de los que sentirse orgulloso, pero es importante reconocer que el mérito es de todos los comisionados y del personal de la ciudad. Es una verdadera democracia en la que cada comisionado rinde cuentas y asume responsabilidades de forma individual; ninguno actúa como un "rey". Los mejores recuerdos son la interacción, las bromas y los debates con mis colegas comisionados. Disfruté escuchándolos, aprendiendo de ellos y manteniendo conversaciones enriquecedoras.
Usted vivió momentos turbulentos al incorporarse a la junta directiva, pero recientemente las aguas se han calmado. ¿Qué opina sobre el estado actual de la comisión —y de la ciudad en general— ahora que deja el cargo?
Dejo la ciudad en manos de grandes líderes, con unos estándares muy consolidados y elevados para alcanzar el éxito aquí en Safety Harbor. La diferencia más significativa radica en que, desde hace ya algún tiempo, hemos mantenido un nivel de excelencia; por el contrario, en los inicios, existían muchas dudas e inseguridades respecto al rumbo que estábamos imprimiendo a la ciudad. Esta situación alimentó la aparición de ciertos grupos divisivos que se manifestaban de manera muy ruidosa. La mayor diferencia desde entonces es que los residentes de Safety Harbor creen en la ciudad y en su dirección, lo cual ha mitigado la división que experimentábamos anteriormente.
Usted ha sido jugador profesional de béisbol, es un empresario de proyección internacional y goza de una familia y una vida maravillosas en Safety Harbor. ¿En qué lugar de la lista de logros vitales de Carlos Díaz se sitúa su periodo de servicio en la comisión?
Formar parte de la comisión —y los logros que allí se alcanzaron— constituye uno de mis motivos de mayor orgullo. La labor en la comisión me planteó desafíos de una naturaleza distinta a la que estaba acostumbrado. Trabajar con la ciudad me enseñó una forma totalmente distinta de abordar las cosas y de lograr que se hagan. Tengo mucha suerte de haber podido ver el aspecto deportivo, el empresarial y el gubernamental de las cosas a lo largo de mis carreras; todos ellos muy diferentes entre sí.
Usted dio a entender que este no sería el fin de su servicio a la ciudad, sino tal vez más bien como un «presionar el botón de pausa». ¿Prevé regresar al estrado en algún momento?
Consideraría asumir futuros cargos, ya sea en la ciudad o en otros lugares, pero tendría que ser un puesto en el que pueda aportar un beneficio positivo.

