Un jurado de Tampa tardó unas dos horas el martes en declarar culpable a Angel Cuz Choc de los brutales apuñalamientos de su novia y de la hija de esta, de 4 años.
La decisión prepara el escenario para que los fiscales soliciten la pena de muerte ante el mismo jurado. La fase de sentencia del juicio comenzó el miércoles por la mañana.
Antes de que el jurado lo declarara culpable, Cuz Choc subió al estrado y les dijo que no recordaba haber atacado de manera violenta a Amalia Coc Choc de Pec, de 36 años, ni a su hija, Estrella Anastasia Pec Coc, el año pasado en una casa móvil del este del condado de Hillsborough.
Cuz Choc negó repetidamente tener algún recuerdo de los apuñalamientos, de su huida de la escena del crimen, de su arresto o de su interrogatorio por parte de los detectives.
“No recuerdo ni una gota de nada de eso”, repitió varias veces.
Parecía tener una explicación: habló de un “espíritu maligno” que, según dijo, se apoderó repentinamente de él aquel día mientras viajaba en autobús con ambas de regreso a casa.
“Fue como si alguien me diera una bofetada en la cabeza y entonces regresó mi enfermedad”, afirmó.
Cuz Choc, de 32 años, fue declarado culpable de asesinato en primer grado, secuestro y abuso infantil agravado.
Durante la última semana, los fiscales presentaron pruebas y testigos para argumentar que él se enfureció después de que Coc Choc saliera a ayudar a una amiga a mudarse la mañana del 22 de abril de 2024 y no regresara durante varias horas. Cuando ella y la niña finalmente volvieron a casa, los fiscales sostienen que él las apuñaló hasta la muerte.
Coc Choc fue hallada muerta en un cobertizo detrás de la vivienda con heridas graves en el rostro, el cuello y el pecho. Su hija, que se estaba preparando para bañarse, fue encontrada tendida en sangre dentro de la bañera, con el agua aún corriendo.
Cuz Choc, inmigrante de Guatemala, permaneció cerca de una hora en el estrado, con los ojos frecuentemente cerrados y la voz baja. En ocasiones parecía al borde del llanto mientras un intérprete judicial traducía entre inglés y k’iche’, un idioma hablado por los pueblos indígenas de Centroamérica.
Dijo que se preocupó cuando Coc Choc no regresó enseguida a casa, temiendo que hubiera tenido un accidente. Admitió haberla llamado más de 60 veces al celular. Recordó haber ido a una tienda cercana a comprar cerveza. Fue allí donde se encontró con la madre y la hija.
Durante el trayecto en autobús de regreso a casa, aseguró que su mente se quedó en blanco.
Durante un extenso y agresivo contrainterrogatorio, la fiscal adjunta del estado Lindsey Hodges le preguntó a Cuz Choc sobre las heridas de la madre y la hija.
“Cuando fuiste a apuñalar a Estrella, la niña a la que tratabas como a tu hija, ¿sentiste el cuchillo pasar por los cuatro dedos de su mano cuando intentó agarrar la hoja?”, preguntó la fiscal.
“No recuerdo nada de eso”, respondió Cuz Choc.
Hodges colocó en una pantalla una foto espeluznante de las heridas de la niña.
“¿Le cortaste la mano con el cuchillo antes de apuñalarla en la garganta?”, insistió la fiscal.
“Ante Dios puedo decirles, y ante todas las personas aquí presentes, que no recuerdo nada de eso”, contestó Cuz Choc.
Dijo que tampoco recordaba haber hablado con los detectives después de su arresto al día siguiente.
“No recuerdo nada de eso”, afirmó. “Me sorprendió cuando me trajeron un papel y me dijeron que todas esas eran las cosas que yo había dicho.”
Durante los alegatos finales del martes por la tarde, el fiscal adjunto Scott Harmon afirmó que “una montaña de evidencia” dejaba sin lugar a dudas la culpabilidad de Cuz Choc.
Según los fiscales, el zapato de Cuz Choc se salió durante el ataque. Las pruebas forenses identificaron la sangre de Coc Choc en el zapato, mezclada con su ADN. Los investigadores también encontraron sus huellas dactilares junto a una marca ensangrentada en una pared.
“La evidencia es completamente clara”, dijo Harmon. “No tiene imperfecciones.”
Aunque el estado no está obligado a probar un motivo, Harmon argumentó que el crimen se originó en los celos y el deseo de control que Cuz Choc ejercía sobre su novia.
El lunes, el jurado vio videos de vigilancia que mostraban a Cuz Choc siguiendo de cerca a su novia y a la niña mientras caminaban por la tienda minutos antes de ser asesinadas. Ellas se mantenían delante de él, mirando hacia atrás con cautela y sin decir palabra.
Coc Choc compró pan y leche mientras Estrella deambulaba cerca sosteniendo una paleta.
Al salir, Cuz Choc las siguió en el estacionamiento. Parecía gritarles mientras se preparaban para caminar hacia casa, señalando el autobús que acababa de llegar.
Subieron al autobús con él. Un video de una casa vecina los mostró llegando minutos después. Cuando el autobús se alejó, la cámara grabó una serie de gritos.
Coc Choc salió por la parte trasera de la casa móvil gritando “¡señores!” mientras corría hacia un remolque cercano. El video mostró a Cuz Choc persiguiéndola y luego forzándola a ir detrás de la vivienda.
Menos de diez minutos después, volvió a aparecer con ropa diferente y cargando una bolsa. Caminó hacia el norte por un potrero y desapareció en el bosque.
Se inició una persecución de 17 horas que terminó cuando los agentes del sheriff lo encontraron a más de un kilómetro de distancia, escondido entre la maleza.
La defensora pública adjunta María Dunker calificó la versión del estado como “una historia inventada” e instó al jurado a examinar minuciosamente las pruebas.
“El señor Cuz Choc no tuvo una intención consciente de matar”, dijo.
Cuz Choc permaneció casi todo el tiempo en silencio y sin expresión durante más de una semana de alegatos y testimonios. Pero dos veces rompió en llanto.
La primera fue cuando los fiscales mostraron al jurado fotos de la escena del crimen, incluidas algunas que mostraban a la niña tendida muerta en la bañera.
La jueza Michelle Sisco interrumpió abruptamente la sesión mientras Cuz Choc se secaba los ojos con un pañuelo. Antes de reanudar el testimonio, la jueza le recordó que debía mantener la compostura frente al jurado.
En su mayoría lo logró. Pero días después volvió a llorar mientras observaba un video de su interrogatorio con los detectives.
El alegato final de Harmon pareció preparar el terreno para la fase de sentencia, en la que el estado planea argumentar que los crímenes de Cuz Choc fueron tan atroces y crueles que justifican la pena de muerte.