Por Mario Quevedo
Especial para CENTRO Tampa
A veces hay que apelar a la capacidad de entendimiento, o a los dioses pasados o, incluso, a las deidades de la naturaleza para enfrentar realidades que quisiéramos simplemente obviar. Sin embargo, hoy solamente espero que sea nuestra directora la que acepte la descarga del que pelea con la historia para dar cara a la realidad.
Y ya Chicho está halándose los pocos pelos que le van quedando tratando de ver por dónde viene hoy este casi estropeado intento de comentarista que solo desea ver su alma despejada para no considerarse -o ser considerado-, como parte de una caravana de cotorras.
Es que el caso de Cuba nunca se puede alejar mucho del diario vivir, pues entonces sí nos consideraríamos como simples charlatanes. No podemos librarnos de una realidad que nos golpea sencillamente por haber sufrido el maldito sistema que impera en la patria y, aparentemente, ha encontrado lugar en Venezuela, esa nación hermana que sufre en carne propia los dolores del despiadado sistema de gobierno que solo triunfa en implantar la crueldad.
Y dando vueltas a la noria voy al punto. Solo me gusta escribir sobre algo que, o bien he rebuscado, o bien creo tener algún conocimiento. La imaginación, a veces, toma papel como conocimiento pues se nos hace demasiado real. Es que en los últimos días he tenido varias conversaciones con amigos que regresan de visitar a sus familias en el mundo olvidado. Y en esas conversaciones, siempre hay varios niveles parejos.
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Mailed Aponte, de 44 años, se sienta en un comedor público después de comer un plato de sopa minestrone en el barrio pobre de Petare, en Caracas, Venezuela. Aponte dijo que cuando los folletos de alimentos subsidiados se retrasan, ella va al comedor ...
En primer lugar, la necesidad extrema del pueblo cubano. Si no formas parte como dirigente de la clase privilegiada, poco tienes para vivir mientras el ferozmente integrado disfruta de bienes disponibles en sociedades de consumo. Aún en las más pobres. Mientras tanto, el pueblo vive de lo que encuentra al día o puede adquirir con lo que le envía su familia en el exterior. Ese que tiene FE. Ese que le envía los pocos dólares que con sacrificio busca para mantener al desdichado familiar… que muchas veces pasa buena parte del día en el parque utilizando el teléfono que cuenta con la ‘recarga’ que le da la FE.
Pero -el pero de Quevedo-, esas amistades también señalan como el cubano de a pie, ese que espera la remesa del familiar, no se ocupa ni siquiera de sembrar un ñame, un boniato o una calabaza en el patio de su casa, o en el pequeño terrenito que le pertenezca. No se habla de mangos, aguacates, naranjas o frutos menores. Lo mas sencillo; una miserable matica de tomates o tres gallinas. La actitud es “total para que”. Mientras ese familiar haga su envió, ¿Por qué preocuparme?
Ah, y no me malentienda; sí hay cubanos de a pie que se preocupan. Sí hay cubanos con vergüenza; pero yo quisiera muchos más. Lo que no veo claro es una actitud de tomar responsabilidad en lugar de buscar -como pueblo- a quien culpar, sin asumir responsabilidad.
Hay que echarle la culpa a alguien. Aunque sea a “Masantín el Torero”. La consigna, por supuesto, es la mas fácil. El bloqueo imperialista, o Trump.
Es triste, ver el testimonio de esos amigos que regresan de su visita a la familia y hablan de esa vida que, con el correr de los años, ha llegado a ser ejemplo de como la mente se envilece o se corrompe y, sin saber -o no querer ver la verdad, apela a esas frases de los domadores del circo donde los leones pasan hambre y los monos solo pueden rascarse y brincar porque no pueden escapar a ser libre y se han acostumbrado a la mano del amo que, sin dejarlos morir de hambre, les ha quitado el ansia de ser libres.
El único culpable de la triste situación del pueblo cubano, es el régimen que con la mentira y el miedo se mantiene en el poder. Uno de esos amigos nos contaba como llevo a su padre a comer a un centro “privado” en Cienfuegos y había disponible comida buena, mientras en la acera de enfrente, en un local del régimen, no había ni cucarachas.
Y lo más triste es que el sueño de libertad del pueblo cubano se apaga como la velita que malamente ilumina los rincones de la miseria. No se puede decir que ese pueblo ha perdido la esperanza, pero sí se puede afirmar que esa necesidad imperiosa de malvivir, se le impone a la necesidad real de buscar la única solución, que seria la libertad del pueblo cubano y el final del largo calvario.
Y copia de ese mal lo vive el pueblo venezolano que es tela del mismo costal repleto de tragedias. Según una encuesta publicada recientemente por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, uno de cada tres venezolanos hace frente a la inseguridad alimentaria, incapaces de obtener suficiente comida para satisfacer sus necesidades dietéticas básicas. Ese drama lo conocen los cubanos de a pie de antemano.
Quevedo es periodista cubano. Trabajó en radio, televisión y tuvo su propio periódico ‘La Voz Hispana’. Para comunicarse con Quevedo: marioquevedo1@aol.com