Por Associated Press
Para la Florida los últimos diez años no fueron sencillos. La razón es que estuvieron marcados por hechos y noticias de diferente matiz, incluyendo ataques masivos de alto perfil: en un club nocturno, una escuela secundaria, un aeropuerto y una base naval.
Florida, eso sí, pasó a Nueva York para convertirse en el tercer estado más poblado de la nación. Mientras tanto, en política, Rick Scott comenzó la década como un personaje casi desconocido para luego ser elegido gobernador 11 meses después al derrotar al senador demócrata Bill Nelson. En paralelo Donald Trump sofocó las aspiraciones presidenciales del 2016 para el ex gobernador Jeb Bush y el senador Marco Rubio. Trump tomó la Casa Blanca y luego se convirtió en residente de Florida.
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Rick Scott comenzó el 2010 como casi desconocido, fue elegido gobernador 11 meses después y finalmente derrotó al senador estadounidense Bill Nelson.
Los fenómenos naturales no se quedaron en la lista de espera. Los huracanes volvieron a golpear al estado después de una ausencia de una década, incluida Michael, una tormenta monstruosa que mató a docenas en 2018 y casi terminó por destruir una ciudad.
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El huracán Michael tocó tierra con categoría 5. Mató a decenas de personas.
En otro ámbito, el transbordador espacial completó sus últimos vuelos desde Cabo Cañaveral, aunque las compañías privadas esperan reanudar pronto, muy pronto, los vuelos orbitales tripulados.
En Orlando, la ciudad del entretenimiento y los parques temáticos, residentes y turistas vieron cómo una orca atacó fatalmente a un entrenador de SeaWorld. La tragedia obligó a la compañía a abandonar este tipo de espectáculos y llevar a cabo una reingeniería sobre sus operaciones locales.
Ataques masivos
Hasta en cuatro oportunidades la Florida se topó en la década de 2010 con tiroteos que dejaron 74 víctimas y decenas de heridos. El panorama forjó cambios en las leyes sobre las armas y el protagonismo de un grupo de jóvenes y sobrevivientes que impulsaron un nuevo mensaje a nivel nacional.
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Para Florida, la década de 2010 fue una década de tiroteos masivos de alto perfil.
Comenzó en junio de 2016 cuando el guardia de seguridad Omar Mateen atacó el club nocturno Pulse de Orlando, matando a 49 personas. Durante el enfrentamiento, Mateen dijo a los negociadores que había jurado lealtad al Estado Islámico y que el ataque era una venganza por la intervención estadounidense en Iraq y Siria. Murió cuando los oficiales irrumpieron en el lugar. El asalto al club nocturno gay fue considerado un ataque terrorista.
En enero de 2017, el veterano de la guerra de Iraq, Esteban Santiago, voló desde su casa, en Alaska, al aeropuerto internacional Fort Lauderdale-Hollywood. Allí disparó fatalmente a cinco personas. Santiago se declaró culpable y está cumpliendo cadena perpetua.
Un año después, en el condado de Broward, un ex alumno de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, de 19 años de edad, regresó al campus de Parkland el día de San Valentín y abrió fuego con un rifle semiautomático, matando a 17. El sospechoso Nikolas Cruz tenía antecedentes de comportamiento violento, pero no se investigaron las llamadas al FBI y a la Oficina del Sheriff de Broward para advertir que podría atacar una escuela. Semanas después, Scott y la Legislatura prohibieron la venta de rifles a la mayoría de las personas menores de 21 años y permitieron a los jueces prohibir a ciertas personas la tenencia de armas por un año. Los sobrevivientes de Stoneman Douglas fundaron el movimiento “Marcha por nuestras vidas” (“March For Our Lives”) para impulsar leyes más estrictas sobre armas en todo el país. Cruz está en espera de juicio el próximo año.
En diciembre un militar de la fuerza aérea de Arabia Saudita, que estaba recibiendo entrenamiento, abrió fuego en la Estación Aérea Naval de Pensacola. El resultado: la muerte de tres marineros estadounidenses antes de que el atacante fuese abatido. Los investigadores calificaron el acto de ataque terrorista.